martes, 25 de octubre de 2016

Elecciones robadas

Hay muchas formas de amañar los resultados electorales. Rasgarse las vestiduras porque Trump dijera que se podría producir en estas próximas es olvidar que ya se han amañado otras veces, pero que el perdedor, en aras del "interés general", es decir, de mantener la creencia de que son limpias, ha aceptado los resultados "deportivamente". Nixon o Gore son dos buenos ejemplos. El introducir la duda sobre los resultados es una estrategia política como cualquier otra. Claro que se las trae decir que se aceptarán los resultados... si uno gana. Pero no tiene mucho sentido negar la posibilidad o decir que, bueno, sí, haberlas las ha habido, pero que ha sido una cosa muy excepcional. Porque, excepcional o no, el asunto es grave.
Mi sistema favorito para amañarlas es el informático: tú votas o por internet o directamente en el colegio electoral y, después, el ordenador suma los votos para los que ha sido programado, dando la victoria a quien controla el programa, no los votos. Se acusó varias veces, precisamente a los republicanos, de hacer tal cosa: la empresa que proporcionaba (pagando, ¿eh?, pagando) los ordenadores, cercana al partido Republicano, siempre mostró muchas reticencias a "abrir" el programa que hacía la suma. Algunos desfases entre los resultados y las encuestas a pie de urna pueden hacerlo sospechar, aunque tampoco es que esas encuestas deban ser tomadas como si fueran un Libro Sagrado. En todo caso, Trump dice que, en estados problemáticos, hará sus propias encuestas a pie de urna, cuyos resultados, claro, pueden ser igualmente manipulados y falsificados cuando se dan a la prensa.
El más sutil es el de dar marchaconamente por ganada una opción de modo que sus partidarios piensen que no vale la pena ir a votar. Algo de eso ha podido suceder en el referéndum colombiano (además de huracanes y otras malas condiciones climáticas).
Hay más sistemas y son muy estadounidenses. El más obvio es el de impedir que voten los miembros de determinadas categorías sociales (raza, renta, origen) que suelen votar en contra de quien tiene capacidad para impedirlo. El más sutil es el gerrymandering, la construcción artificiosa de distritos electorales para que las mayorías se correspondan con el partido de quien tiene capacidad para dicha construcción. Y el más problemático es el de fomentar el voto anticipado, menos controlable por interventores. Se da en estas elecciones en más de 30 estados que ya han empezado a recoger papeletas. O toques en la pantalla, eso ya no lo sé..
Poner en duda un resultado electoral es poner en duda el sistema político que se basa en elecciones competitivas y limpias. En esas estamos. El culpable no es el mensajero, sino el que ha puesto en práctica tales medios. 
(Añadido el 9 de noviembre: casos varios en los que se ve lo problemáticas que son esas elecciones aquí, aquí o aquí. Como ya he dicho, no es novedad)

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