lunes, 3 de octubre de 2016

Dos referendos y medio

El de Hungría y el de Colombia, ambos sobre sendos asuntos altamente emocionales para sus respectivos países. En el primer caso, se trataba de decidir sobre las propuestas de Bruselas para la aceptación de refugiados, cosa que el gobierno de Orban ya no cumple (de momento, cero aceptados, frente los propuestos por la UE). En el segundo, el tema era aceptar o rechazar el acuerdo de paz ya firmado entre el gobierno y las guerrillas de las FARC. En los dos venció el NO: a las reglas comunitarias y al acuerdo de paz respectivamente. 
Lo primero que me llama la atención es que para el plebiscito colombiano, la escasa participación (38 por ciento) no parece influir sobre el resultado, cosa que se presenta como central para el referendo húngaro donde los votantes superaron en poco al 40 por ciento y que no tendría, por tanto, validez "legal". Por cierto, la escasa participación colombiana, sobre todo en las zonas más castigadas por la violencia, se da donde las condiciones climatólogicas, por seguir con las frases soviética y franquista, eran "inusualmente adversas" o "pertinaces" según convenga. Sin tales, predomina el SÍ.
Lo segundo, los intentos de ambos gobiernos, cada cual con su causa, para "interpretar" los resultados en términos de lo que proponían inicialmente. Cosa fácil dada la ambigüedad de la respuesta: el NO colombiano significaba al mismo tiempo decir sí a que continúe la violencia y no a que los victimarios se fueran de rositas. En todo caso, en Hungría la política xenófoba parece que seguirá (es una ola que comparten con otros europeos) aunque el referéndum no tenga "validez judrídica" (como si hiciera falta) y supongo que en Colombia la paz ya ha sido firmada, pero quedarán por resolver problemas de re-inserción de los guerrilleros al tiempo que se ve lo altamente problemática que sería la reconciliación. Pero lo que he escuchado esta mañana por la radio (al presidente Santos y al líder guerrillero Timochenko), sigue el alto al fuego y se mantiene esa paz negativa (reducción de la violencia directa) aunque no se alcancen, de momento, cotas importantes de paz positiva: los negociadores vuelven a reunirse en La Habana.
Y lo tercero (y fue también válido para el referémdum del Brexit, por cierto de nuevo en las noticias) es que un SÍ o NO para asuntos complejos y altamente emocionales resultan fáciles de gestionar, "interpretando correctamente" lo que los electores han querido decir primero con su abstención y segundo con sus diferentes porcentajes de aceptación o rechazo. Los tres casos funcionan en este sentido: Santos ya ha dicho qué quería decir el pueblo, como Orban o como May. Otros dicen lo contrario partiendo de los mismos datos, pero, insisto, ese es el problema de estas consultas aparentemente sencillas, pero de aplicación práctica muy complicada. 
Cierto que es mejor preguntar, antes que sea el político el que decida por su cuenta sin necesidad de "interpretar" los votos. Pero sin exagerar ni el valor de la consulta democrática ni la omnisciencia de nuestros amados líderes a la coreana (que se lo digan a los militantes del PSOE valenciano y, en general, al PSOE en su conjunto). Nada de lo dicho tiene que ver con el referéndum unilateral, oficial y vinculante de independencia de Cataluña anunciado para septiembre de 2017. O sí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario