jueves, 18 de agosto de 2016

Cisjordania dividida

La noticia de EFE es esta: los Estados Unidos, es decir, su gobierno, está preocupado por los planes del gobierno israelí (no de Israel en su conjunto) de crear nuevos asentamientos en Cisjordania que podrían partir dicho territorio en dos. Bien es verdad que podría ser peor: el candidato Trump apoya tales asentamientos mientras que el Departamento de Estado los ha criticado repetidas veces.
Insistamos: no son los Estados Unidos por un lado y el Estado de Israel por otro. Por lo que a este último respecta, recuérdese que hay oposición por parte de los israelíes no-judíos y por parte de israelíes judíos, aunque ambos tengan la ciudadanía pero solo los segundos tengan la nacionalidad. Se trata de políticas apoyadas por el gobierno actual de Israel, claramente sionista.
Podemos remontarnos a Moisés y Aarón, o a la colonia romana, o al segundo templo, o al holocausto (shoah), pero es suficiente iniciar el discurso en la nakba, cuando el territorio era colonia británica que aceptó que se iniciaran colonias de judíos para lo cual expulsaron a contingentes nada despreciables de sus habitantes, los palestinos, antes pelistim, antes filisteos. De nuevo, la historia pesa, como pesa para los árabes y bereberes que piensan que Al Andalus fue suyo desde 711 a 1492 y en el que vivieron sus antepasados por lo menos hasta principios del siglo XVII. Pero aquí pesan los planes de futuro. El sionismo.
Hay judíos que discuten que los judíos sean una nación y que los actuales israelíes (judíos) sean los descendientes de los que fueron expulsados de la Tierra Prometida, la Eretz Israel. Pero el hecho es que un movimiento político importante ha conseguido convencer a los partidos en el gobierno israelí de que hay que recuperar la tierra que Dios les prometió y que iría desde el Nilo al Éufrates (Génesis, 15:18). Dicha recuperación se puede hacer por la fuerza, para lo cual son útiles las provocaciones de gobiernos vecinos (como las que llevaron a la Guerra de los Seis Días de 1967), o puede hacerse poco a poco, mediante los asentamientos. Argumentos no faltan: desde la shoah a las provocaciones de los guerrilleros de Hamás (etiquetados, obviamente, como terroristas) en ese enfrentamiento asimétrico entre misiles caseros y un ejército con fuerte apoyo estadounidense, todavía más asimétrico cuando se trata de la intifada. Hay un argumento adicional: la presión demográfica de la necesidad de espacio para los colonos judíos que llegan desde todo el mundo (si es por natalidad, la de los palestinos es mayor, pero eso no cuenta). En realidad, el argumento es ideológico: recuperar "nuestra" tierra. La tierra en la que Sansón luchó contra los filisteos (pelistim), Gaza, y la tierra de Judea y Samaria, hoy llamada Cisjordania (West Bank en inglés).
Hay judíos que rechazan ese proyecto y consideran los asentamientos una violación del derecho internacional. Noam Chomsky, desde los Estados Unidos, o Gush Shalom con Uri Avnery, desde el Israel actual. Cierto que Cisjordania no es un Estado en sentido estricto, pero sí un "territorio disputado" bajo una Autoridad Palestina y un gobierno de Fatah, como en Gaza lo es de Hamás. Efectivamente, no todos los judíos son israelíes ni todos los israelíes son sionistas, cuestión importante para saber de qué o contra qué se está hablando: no es lo mismo ser anti-sionista que ser anti-israelí que ser antijudío (el llamado antisemitismo). Cuando desde Naciones Unidas o desde la Unión Europea o desde los Estados Unidos se rechazan estas políticas de ocupación progresiva del territorio no se está haciendo antisemitismo (antijudaísmo) ni anti-israelismo, sino anti-sionismo... que hace todo lo posible para que se vean las tres cosas como una sola para así mejor criticar a los contrarios al sionismo y presentarlos como anti-judíos.
Difícilmente se va a poder llegar a una situación estable y pacífica de "dos Estados" cuando una de las partes sigue expandiéndose en la otra y, en la otra, se reacciona con pequeñas violencias que llaman a mayores (los misiles de Gaza no son nada comparados con lo que fue la Operación Plomo Fundido: la asimetría es total). Y con increíbles divisiones en el campo palestino, que todo hay que decirlo.
Es comprensible que el gobierno de Obama no vea con buenos ojos estos desarrollos: son, como se sabe, una de las excusas para el terrorismo islamista y se relacionan con complicados arreglos en la zona donde Arabia Saudita recompone relaciones con Israel (es decir, los respectivos gobiernos) ante el enemigo común, Irán, no-árabe.
Mucho dolor de personas concretas, niños que sufren. Sin comentarios.
(Añadido el 30: La destrucción de casas es vista aquí como una crisis de derechos humanos. El "truco" más frecuente, se nos dice, consiste en exigir un permiso del Estado de Israel para haber construido esa casa -algunas tienen más de un siglo, antes de la nakba pues- y cuando se solicita, no darlo)

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