miércoles, 20 de julio de 2016

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La noche del 15 al 16 se mezclaron, en las diversas tertulias que voy saltando en la radio, dos asuntos dramáticos. Por un lado, seguían los ecos del atentado del día anterior en Niza con sus más de 80 muertos. Por otro, el reciente golpe de Estado contra el presidente Erdogan en Turquía que, por entonces, ya permitía hablar de algo así como 100 muertos (después, de 300). Las radios interrumpían regularmente sus respectivas tertulias para conectar en directo con el lugar de los hechos.
Para el primer caso, teníamos personas que lo habían sufrido en primera persona, que habían salido corriendo o se habían escondido donde había sido posible. Había recuerdos a la intervención de Hollande explicando por qué se había producido tal masacre (14 de julio, día de la libertad) o referencias a aspectos curiosos como el de la mayor presencia de disparos contra el lado derecho del camión que contra el izquierdo, suponiendo que habría habido una segunda persona junto al conductor.
El segundo caso, más vivo que el anterior que ya llevaba un día, también ofrecía “radio en directo” y en abundancia: un periodista en la plaza donde se estaban congregando partidarios y contrarios de Erdogan, conexión con políticos españoles que habían quedado “atrapados” en el hotel, rechazo y condena por parte de autoridades “occidentales” como el ministro español de Asuntos Exteriores.
Las radios hicieron su trabajo. Y los tertulianos que iban comentando los comentarios sobre comentarios también. Me impresionaron los que iban en la línea de “estamos en guerra”, “hay que reconocerlo”, “hay que obrar en consecuencia” y, en este último capítulo, estaba el anuncio de Hollande de incrementar la participación francesa en Irak y Siria y las frases del candidato Trump en el sentido de estar dispuesto a declarar una “guerra mundial” (sic). Pero, decían, es una guerra, pero una guerra distinta para la que no servirían las doctrinas militares del siglo pasado.
Algunas cosas más me hicieron pensar. Para el tentativo golpe (de los coroneles, a todas vistas, ya que la cúpula había sido convenientemente cooptada por Erdogan), las alusiones a otras corrientes del islamismo contrarias a la del presidente. Algo así como si lo que allí hubiera fuese más un asunto interno que un ataque del Islam contra “Occidente” (la broma, algo excesiva, consistía en imaginar a Erdogan como refugiado en Grecia). Pero mucho más sugestivo era el apoyo al islamista democráticamente electo, cosa que no se hizo en su día con el FIS en Argelia, tal vez por el famoso principio de “es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta” que se atribuye a Franklin D. Roosvelt a propósito de Somoza. De acuerdo: no es el Islam el que nos ataca y, por tanto, no estamos en guerra contra el Islam. Es, entonces, el Estado Islámico y antes era Al Qaeda.
Y ahí entraba la detención del asesino de Niza. Tunecino y musulmán. Todo claro, aunque su islamismo fuera más “sociológico” (como el catolicismo sociológico español) que real y aunque su pasado delictivo y su estancia en la cárcel no fuera tenida muy en cuenta ya que no encajaba con eso del “estamos en guerra”. Eso sí, DAESH lo reivindicó a su tiempo.
Faltaban datos y algunos eran presentados pro domo sua, particularmente por los tertulianos de corte, trasmisores de la línea oficial de los partidos. Claro que hay novedad en este tipo de violencia. Si es guerra, no encaja con el aspecto territorial que solían tener el siglo pasado: en las guerras se discutía quién mandaba en qué territorio aplicando los medios que podían llevar a tal fin o evitar que lo lograra el contrario.
No es novedad que Turquía tenga las fronteras que tiene (Grecia, Siria, Irak e Irán, es decir, varios islamismos) y mantenga un conflicto secesionista interno con los kurdos. Ni que sigan apareciendo “lobos (relativamente) solitarios”. Pero convendrá recordar que este tipo de terrorismo no es privativo de los yihadistas. Datos en mano, están los secesionistas, neofascistas, de extremas derechas o izquierdas o, sencillamente desquiciados causando, a escala mundial, muchos más muertos que los que estos yihadistas producen en “Occidente”. Los yihadistas, además, provocan más muertos entre los que comparten su religión. Para que nos entendamos: estas violencias letales dentro del Islam tienen curiosos paralelismos con las llamadas “guerras de religión” entre variantes del cristianismo de la civilizada Europa bajo reyes que usaban la religión como banderín de enganche. Eso sí, siempre hay fanáticos que buscan objetos sobre los que descargar sus frustraciones.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-. Para la práctica del "nuestro hijo de puta" hay, por lo visto, límites. Kerry advierte al gobierno de Turquía de que su pertenencia a la OTAN podría estar en discusión. Supongo que lo hace con la boca pequeña, pero algo es algo -y ya me parecía a mí que no era para tanto-
Muchos detalles sobre el golpe, aquí y en castellano. En inglés, aquí, evaluando las "buenas noticias" y las "malas noticias" y discutiendo la posibilidad de que el golpe fuera promovido por el gobierno de los Estados Unidos y/o el movimiento de Gülen. Mi impresión ignorante es que las rápidas depuraciones tienen que ver con este último movimiento, es decir, un conflicto entre islamistas. He escuchado comparar "Servicio", la organización de Gülen, con lo que el Opus Dei católico supone o ha podido suponer en otros países.
Entre ayer y anteayer se mataron 77 civiles -niños incliudos- en Siria. Bombardeos "occidentales", un tipo particular de terrorismo, el de los "daños colaterales" o el de "errores comprensibles")

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