martes, 5 de julio de 2016

Comercia que algo queda

Un estudio que tiene, entre sus autores, al catalán Centre Delàs. constata lo siguiente:
El mercado de la seguridad fronteriza está en pleno auge. Se estima en unos 15.000 millones de euros en 2015 y se prevé que aumente hasta superar los 29.000 millones de euros anuales en 2022.
El negocio de las armas, en particular las ventas a Oriente Medio y al Norte de África, de donde proceden la mayoría de los refugiados que huyen, también está en pleno auge. Las exportaciones globales de armas a Oriente Medio han aumentado en un 61% entre 2006-2010 y 2011-2015. Entre 2005 y 2014, los Estados miembros de la UE otorgaron licencias de exportación de armas a Oriente Medio y al Norte de África por un valor de más de 82.000 millones de euros. (subrayado mío)
Lo asombroso del caso  es que las empresas que están haciendo caja con la seguridad fronteriza son también las que están haciendo caja en la venta de armas a los países de los que huyen aquellos que son controlados en las fronteras por tecnologías de esas empresas. Están en el punto de expulsión y en el de atracción.
Así es el sistema que tiene como motor la acumulación de beneficios, donde y como sea. Para ese principio, todo vale. Incluso las proclamas sobre responsabilidad social corporativa. Y la Unión Europea, como subrayo, humanitaria como siempre.

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