miércoles, 29 de junio de 2016

Voto por descarte

Hay muchas formas de votar, como he contado en otras ocasiones. Voto racional, voto de identificación, voto en blanco democrático pero de rechazo a todos, voto (supuestamente) útil, voto a la contra y seguro que hay más. Me faltaba una forma que, parece, está funcionando en varios contextos: Votar por el mal menor, como algunos están diciendo  o van a practicar en los Estados Unidos, o votar para evitar el mal mayor, como ha podido suceder en las Españas, pero sin salirse en ningúnmomento del mal. Pintan bastos.
En los Estados Unidos algunos votarán por Clinton, sabiendo lo que saben de ella y de sus posibles proyectos, con tal de que no salga Trump. En las Españas la cosa es algo más complicada ya que tenemos más de dos partidos (también en los Estados Unidos está el Partido Libertario, el Verde o el de la Constitución, pero son irrelevantes). Imaginemos qué han pensado algunos.
1.- Votar al PP por descarte. Son los que han visto el ”extremismo” de los otros que podrían llevar a España al borde de la catástrofe, los han metido a todos en el mismo saco y han votado “a pesar de todo” por el partido del gobierno. Algo así como el jesuítico “en tiempo de desolación, no hacer mudanzas”. Ciudadanos no estaba en el cajón de sastre de los “extremistas”, pero había que descartarlo por “irrelevante”. “A pesar de todo” incluía los escándalos de corrupción y espionaje, la valoración del cabeza de lista por Madrid (supuesto candidato a la presidencia) y el “más de lo mismo” con resultados ya conocidos. Pero los resultados de los otros podían ser peores.
2.- Votar por el PSOE por descarte. No podían votar el PP de la corrupción y del uso de la maquinaria del Estado para fines partidistas y electoreros. Tampoco podían votar a Unidos Podemos etc. por demasiado heterogéneos, poco fiables. No era un voto a favor del PSOE, dividido en familias peleando entre sí, participante del viejo bipartidismo y con políticas de sumisión a la Unión Europea, sino un voto una vez descartados los demás.
3.- Votar por descarte a Unidos Podemos y sus heterogéneos aliados en Cataluña, Valencia y Galicia. Los demás eran representantes del viejo bipartidismo de nefasto recuerdo vistos sus resultados en el empleo y el bienestar y se convertían en el chivo expiatorio de grupos sociales descontentos o deseosos de un “cambio”. Solo quedaban estos como alternativa, poco fiable dada su heterogeneidad y sus cambios de opinión de vez en cuando, pero alternativa. Como la democracia en el dicho atribuido a Churchill, “el peor de los sistemas exceptuando todos los demás”.
4.- Votar a “lo nuestro” por descarte. Era el más fácil. Se trataba de votar localmente para unas elecciones planteadas como generales. Todo aquel que no fuese “de aquí”, venía descartado automáticamente. Era la campaña del Partido Nacionalista Vasco (subráyese el “vasco”) y la de Esquerra Republicana de Catalunya (subráyese la “Catalunya”). Lo intentaron, dentro de Unidos Podemos, la variante de “A la valenciana” que tenía problemas para funcionar en Alicante por eso de “valenciana” cuando intervenían criterios igualmente locales. Localistas desde la perspectiva de los demás, pero defendiendo “lo nuestro” desde el punto de vista de los que les votaban al descartar a los que defendían “lo de ellos”.
5.- No tengo claro que hubiese votantes de Ciudadanos que les votasen por descarte (de los anteriores,  he leído o escuchado ejemplos). Es posible. De hecho, hubo quien les votó el 20-D precisamente por este criterio: no podían aceptar al PP de la corrupción, ni al PSOE de la división y la indefinición, ni al (entonces) Podemos por confuso y manipulador, así que o echaban una moneda al aire o, una vez descartados, veían que lo que quedaba era C’s. Ahora lo han tenido más complicado.
6.- El descarte podía ser máximo cuando se votaba a partidos que se sabía (ay, las clarividentes encuestas) que “no existían” electoralmente. Algunos llegaban presentándose en sus carteles como “centro moderado” como si pudiese existir un “centro extremista”. Sin duda, pero la idea de “voto útil”, es decir, que sirviese para algo, planeaba sobre muchos electores que fueron a alguna de las cinco posibilidades anteriores.
Lo de “derecha-izquierda” vino después y no aparecía con claridad ni en descartadores ni en transversales (que todos pretenden serlo). Pues ahora lo que toca es (no) pactar al son de “el electorado lo que nos ha querido decir es...”, “lo que el electorado/ciudadanía/gente/pueblo/nación nos exige es...”, “lo que está pidiendo es...”. Tal vez.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-. Lo que resulta problemático es decir que tal o cual voto ha sido una equivocación (es decir, no me gusta) y, por tanto, tiene mucho menos valor. Se está discutiendo sobre el Brexit, pero hay que reivindicar el derecho a equivocarse. El electorado, efectivamente, se equivoca de vez en cuando ya que las votaciones no son un medio para encontrar la Verdad sino un sistema imperfecto para tomar decisiones. A prestarle atención a los movimientos que plantean que el "exceso de democracia" puede resultar peligroso, sobre todo si las mayorías se "equivocan".
Una parte del problema es la siguiente cuando se añade una caracterización a los que han votado por las opciones enumeradas arriba, a saber: 1. asustados; 2. desengañados; 3. entusiasmados; y 5. perplejos. Es decir, sentimientos por encima de razonamientos)

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