jueves, 19 de mayo de 2016

Yihadistas árabes, europeos, estadounidenses

El The Economist de esta semana que acaba dedica uno de sus "leaders" a lo que titula "The war within". Curiosamente, el fondo es el mismo que el del artículo de Shlomo Ben Ami de hace un par de días sobre el "euroyihadismo", a saber, que hay que tener cuidado con las respuestas fáciles y sencillas y que no hay que atribuirlo todo al "exterior" (como parece que está haciendo el presidente Maduro en Venezuela, donde todo es culpa del "imperio" y del "colonialismo español" y su "basura colonialista").
Por lo que se refiere al euroyihadismo, el ex-embajador es claro: hay que buscar los elementos "euro" antes de lanzarse a echarle toda la culpa el Islam o, en concreto, a los árabes (hay que repetirlo siempre: hay musulmanes que no son árabes -los iraníes, por ejemplo- y árabes que no son musulmanes -aunque algunos tengan problemas internos como en Arabia Saudita-). Nota: hay, sí, yihadistas estadounidenses pero en cantidad muy, pero que muy inferior a los europeos. 
Por el otro lado, dirá The Economist en su "leader" (que, como casi toda la revista, viene sin firma, es decir, que viene a ser como una editorial -eso sí, el especial  sobre el mundo árabe sí viene firmado-) que el problema de los árabes puede atribuirse a Sykes-Picot (al colonialismo europeo) o al intervencionismo estadounidense. Pero no vendrá mal buscar las raíces locales antes de lanzarse a respuestas fáciles y simples. Beware of easy answers, recordará en un epígrafe.
Cierto que, como dice el artículo, la situación posterior a las "primaveras árabes" no es muy halagadora. Incluyendo al Egipto de al-Sisi, peor que Mubarak para muchos, y centrándose en Irak, Siria, Libia, Yemen. Que ha habido intervención extranjera está fuera de discusión, pero se entiende esa retirada al refugio de la identidad cuando las condiciones generales empeoran sensiblemente (ya pasó en Argelia con el FIS). Además, en lugar del hablar de "choque de civilizaciones", más convendría hablar de "choque dentro de la civilización árabe". Hay problemas que no se entienden sin entender rivalidades, algunas soprepasando dicha civilización, como el conflicto entre Arabia Saudita e Irán.
Ambos artículos coinciden en reducir el papel que el Islam tiene en esta situación. Condiciones de desarraigo, desempleo, vulnerabilidad, rechazo, marginación o pobreza de determinadas comunidades en Europa y en el mundo árabe explican mejor la aparición del yihadismo que, como es sabido y constatado, es rechazado por la mayoría de dichas comunidades. 
¿Qué puede hacer "Occidente"? Primero, lo que tiene más a mano: barrer su propia casa, políticas sociales, plantearse, sí, la cuestión de la cultura. Y, después, intentar influir en el mundo árabe. Como dice The Economist a propósito de la trasformación que, a su entender, precisa el mundo árabe, "America and Europe cannot impose such a transformation. But the West has influence". Desgraciadamente, en Europa aumenta la islamofobia como en los Estados Unidos representados por Trump y se mantiene la idea de que "hay que democratizarlos" (aunque sea a bombazos). 
Esa parte de "culpa" por parte de "Occidente" ("the West", que dice The Economist para referirse a USA-Europa) al no hacer sus deberes dentro y fuera corre en paralelo con la de los países árabes, aunque lo que hacen "fuera" sea de menor cuantía que lo que ha hecho "the West". En todo caso, primero mirar dentro.

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