lunes, 9 de mayo de 2016

Matar a distancia

Los experimentos de Milgram incluían esta variable, además de lo que a él le interesaba en aquel momento que era la obediencia a la autoridad, a saber, la de la distancia entre la víctima y el victimario. A mayor distancia física y/o emocional entre ambos, había más probabilidades coeteris paribus de que se produjera la violencia. Si el victimario considera a la víctima como de baja estofa, Untermenschen, subhumanos, como consideraban los nazis a los judíos, enemigos peligrosísimos y, encima, no hay contacto ni siquiera visual, la probabilidad de la violencia aumenta considerablemente. Entre la distancia sexual entre dos personas y la distancia entre la base y los drones, hay multitud de situaciones intermedias.
He dicho drones y es ahí donde quería ir. Al libro The Assassination Complex que acaban de presentar Scahill y el equipo de The Intercept con prólogo de Snowden. Hasta los que ponen en marcha tales instrumentos de matar saben que son poco precisos, que matan a más gente de la prevista y... bueno, esta gente son de baja estofa, subhumanos, enemigos peligrosísimos en potencia (y, gracias al absurdo ataque, prontos a pasar de la potencia al acto, que dirían los escolásticos). Alguien, desde la base, dirige estos drones para matar a personas lejanas, desconocidas y prácticamente invisibles.
Sáquense las consecuencias pertinentes.

1 comentario:

  1. Aquí dejo un documental "El juego de la muerte" (https://www.youtube.com/watch?v=J1kqWw0UZ1Q). Lo peor es que la obediencia es más habitual de lo que a uno le pueda parecer a priori.

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