martes, 31 de mayo de 2016

El fin del mundo

El presidente del país que posee el mayor arsenal militar de todo el mundo, aunque seguido de cerca por otros no menos peligrosos, ha hecho un llamado a favor del desarme nuclear. De los demás, supongo. No del propio y mucho menos bajo cualquiera de los presidentes que salgan de la actual campaña presidencial.
Las armas nucleares están hechas para amenazar y, si hace falta, ser usadas voluntariamente, como respuesta, como equivocación o como accidente. El problema con un accidente nuclear de este tipo sería que podría producir un "omnicidio", aunque no fuera más que cubriendo el Sol suficiente tiempo como para producir un "invierno nuclear". Algo así como lo que produjo la extinción de los dinosaurios por culpa de un meteorito que levantó suficiente polvareda suficiente tiempo como para que aquello se produjese.
¿Impensable? Aquí se recogen las veces en que el Planeta estuvo a punto de perder por lo menos a una parte importante de su especie más preciada, la de los racionales seres humanos. Eran los tiempos de MAD (loco en inglés y acrónimo, también en inglés, de Destrucción Mutua Asegurada). No viene mal recordar aquellos riesgos extremos que documentó Carl Sagan.
¿Irrepetible? El hecho es que en lugar de tomar decisiones que vayan más allá de la retórica como la de Obama en Hiroshima, se están tomando decisiones guerreras aumentando la tensión entre las potencias nucleares en una especie de Guerra Fría redux, solo que ahora no se trata de dos guerreros sino que el número de "usuarios" ha aumentado y sus conflictos también (¿India-Paquistán, por ejemplo?).
Si el Planeta ha estado a punto de reducir e incluso quedarse sin especie humana, todo hace pensar que esa especie es cualquier cosa menos racional. A no ser que arriesgarse al suicidio colectivo se considere racional. Ronald Reagan, fiel creyente, sabía que la batalla final, el Armagedón, se produciría necesariamente (mensaje divino, al fin y al cabo). Él añadía un elemento que los escritores de la Biblia no conocían: el que el fin del mundo lo produjesen las armas nucleares.
Predicar en el desierto. Como en la película "Juegos de guerra", se trata de un extraño juego en el que la única forma de ganar es no jugar. Pero cada vez hay más jugadores, algunos de los cuales dicen que los demás tienen que reducir sus instrumentos de juego. O predican lo que no practican.
(Nota: para los que piensen que esto que digo es derrotista, solo una pregunta: ¿las cosas que describo son efectivamente así? Porque la cuestión no es saber si uno es derrotista o no, sino saber si la realidad nos lleva a la derrota final o no).
(Añadido el 20 de junio: Referencias actuales al MAD y al inicio de esta nueva locura, algo exageradas interesadamente, pero no despreciables)

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