miércoles, 20 de abril de 2016

Vergüenza de los jesuitas

Es el título de uno de sus ex-alumnos, en este caso en Fordham, sobre la venta, por parte de la provincia jesuítica de Maryland y, en particular, de la Universidad de Georgetown, de 272 esclavos negros. Era 1838. Pero el autor cuenta otros asuntos más recientes en los que se ha practicado el "razonamiento jesuítico" para justificar (o para mirar hacia otro lado con "restricciones mentales") asuntos penosos como la tortura. Algunas de las críticas ya estaban en el libro de Berrigan, jesuita, To Dwell in Peace, de 1987.
Dormí un par de noches, de paso, en Georgetown, muchísimos años antes de las conferencias del presidente Aznar en tal universidad. Y fue la vez en que pasé un cierto miedo al ir caminando desde esa universidad a la de Notre Dame: me encontré de repente en un barrio deprimido de mayoría negra donde sentí que me miraban como a un bicho raro y ajeno.
Cierto, como dice uno de los comentarios al artículo que cito, en aquellos principios del siglo XIX "todos pensaban así" y que, como muestra mi paseo, hay cosas que todavía no han cambiado (que se lo digan a la violencia policial allí). Bueno, todos no pensaban así: los esclavos no pensaban así y había algunos no-esclavos que pensaban de manera diferente. Sucede lo mismo con la "conquista de las Indias", y la "controversia de Valladolid" en el siglo XVI es un buen ejemplo, con Ginés de Sepúlveda defendiéndola como defendía la guerra justa y Bartolomé de las Casas defendiendo la esclavitud de los negros y la libertad de los "indios".
Pero a ciascuno il suo, que cada palo aguante su vela. El autor del artículo que he citado al principio dice estar intentando "desaprender" lo aprendido de los jesuitas en su formación juvenil. No sé si ese es mi caso. Por lo menos no lo es conscientemente. Como toda institución humana (y esta tampoco es divina), es casi obligatorio que tenga sombras junto a sus luces y que esas sombras provoquen vergüenza.

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