lunes, 4 de abril de 2016

Clinton y Libia

No parece exagerado etiquetar lo sucedido en Libia como una gran chapuza. Ya lo fue el cambio de valoración de su entonces líder, Gadafi, que pasó de malo a bueno para regresar de bueno a malo hasta su muerte violenta (dejemos ahí la calificación del hecho) en la invasión del país.
La chapucería sigue hasta nuestros días cuando, además de dar pie allí a una mayor presencia del Estado Islámico, lo que fue Libia sufre ahora tres (sic) gobiernos de manera simultánea sin que ninguno de ellos sea realmente lo que se entiende por un gobierno (el que controla la violencia legítima y lo de "controla" y "legítima" es fundamental ya que la violencia se deja para las bandas y para el Estado Islámico y demás franquicias).
En este texto se levanta acta de tales hechos pero añade un punto que me ha interesado y que ya está en su titular: que se trata de obra de Clinton (Hillary, por supuesto). No hay que olvidar que allá (en USA) están en campaña electoral y en tales circunstancias se puede perder un poco la perspectiva (que se lo digan a los españoles -se incluye a los catalanes en esto- que viven en campaña electoral continua desde hace más de un año). Tal vez por eso se atribuyen a la ahora pre-candidata poderes superiores a los de otros políticos. 
Sin embargo, también puede ser que el articulista que cito levante acta, en realidad, del enorme poder y responsabilidad que tiene la potencia hegemónica y, en concreto, su presidencia imperial aunque tenga a las Cámaras en contra. En todo caso, "the buck stops here" y la responsabilidad política de una secretaria de Estado tendría que elevarse a la del presidente que la puso en tal posición tan relevante. 
Pero, a lo que voy, lo que el articulista parece indicar es que, en el caso de Libia, el que manda, manda y los gobiernos de los demás países obedecen, considerando a Gadafi malo-malísimo (después de haber comido con él, aceptado sus regalos y visitándolo en Trípoli oficialmente) e invadiendo el país para "democratizarlo" (petróleo y divisas, al margen). Gobiernos que acudieron presurosos en ayuda del vencedor (el que manda, vence -pensaron-) como ya lo habían hecho unos cuantos con Irak en aquella penosa reunión en las Azores, seguida después por muchos otros.
No tendría que hacer falta añadir que la potencia hegemónica no es divina, es decir, no es omnipotente, omniscente y omnipresente (aunque lo intenta mediante el espionaje, el ejército y la zanahoria). Tiene fallos. Pero son fallos que no reducen a cero el poder y la responsabilidad. Razón por la que hay motivos para temer que acabe venciendo Trump y motivos para pensar que si gana Sanders el "aparato" se lo acabe comiendo. Si gana Clinton, léase el artículo que he citado.

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