domingo, 10 de abril de 2016

Amores perdidos

Tres historias de amor muy parecidas en el fondo, pero con diferencias interesantes. 
Comencemos por la que canta Murolo, aunque los autores son Bovio y Lama, 1917. El cantante recuerda que ha vuelto a encontrar a Reginella, toda sofisticada en la calle Tuleto, Nápoles.  Se habían enamorado, vivieron juntos, pero la cosa terminó como había empezado: Reginella se fue. Comíamos poco, nos besábamos mucho, cantábamos y hasta el canario se unía al coro diciendo "Reginella ama a este rey". Ahora solo queda el recuerdo. Tal vez en algún momento ella, distraídamente, se acuerde de aquello.

      Te he querido mucho
      Me has querido mucho
      Mas ya no nos amamos
      Pero a veces tú piensas distraídamente en mí

Está después la de Serrat (1968), tal vez en Cataluña. Hubo un pequeño café, de mala nota, en el que la encontró, le dio la mano y ella le siguió hasta su casa como un perrito perdido que ruega una caricia. Empezaron jugando y él terminó poco a poco enamorándose y acostumbrándose a las cosas de ella hasta que esta le dijo que se iba a buscar el sol, que la casa era muy oscura. El cantante se queda solo con su soledad y también a eso se acostumbra. Vuelve de vez en cuando al café y piensa lo joven y hermosa que era ella. Pero el tiempo ya ha pasado y él ya la ha estado olvidando poco a poco. Tan poco a poco como se enamoró de ella.
Finalmente está la de Sabrina (1992). El cantante ha terminado un concierto en un pueblo junto a mar y va a tomar unas copas en el único bar que aún estaba abierto. Hay un ligue con la camarera y acaban yéndose a la cama donde pasan toda la noche ("desnudos al amanecer nos encontró la luna"). El cantante se va. Sigue su gira, pero vuelve al cabo de algún tiempo, va a buscarla al bar y lo encuentra convertido en un Banco (el Hispanoamericano para más señas, hoy desaparecido). Se enrabieta, tira piedras contra los cristales y ahí se termina la historia cuando llega la policía.
Las he puesto en orden cronológico porque también es el orden en el que la melancolía de la primera, que todavía queda en la segunda, ya ha desaparecido en la tercera. También parece que el tiempo de la relación de las tres parejas se reduce de una a otra. Reginella debió de estar con su cantante mucho más tiempo que el que Serrat tuvo compañía en su casa y, ciertamente, mucho más que la noche loca de Sabrina. Tal vez por eso la melancolía es menor: si te he visto, no me acuerdo. Pero no del todo. Sabrina se cabrea cuando ve que su capricho de una noche ya no está donde estaba. Serrat ya no la ha visto. Pero el cantante de la primera canción sufre al volver a verla: la vuelve a ver y recuerda todo lo sucedido, los besos -y qué besos-, la unión casi total, la música... Volverla a ver tal vez sea el elemento melancólico que aparece más en esta que en las otras. La ve de lejos y, aunque la canción está dirigida a ella, probablemente ya no haya pasado de esa lejanía. Ojos que no ven, corazón que no siente.
Eso sí: todavía hay clases. Reginella habla francés (debe de haberlo estudiado en la Escuela de Idiomas napolitana), viste bien, está en un barrio bien y con chicas bien, aunque esas chicas bien sean cantantes en cafés de variedades y suenen a "mujer fatal". Las otras dos solo son camareras, pero muy diferentes. La primera tiene una mirada lánguida, como "la niebla que nace en el puerto de madrugada". La segunda es, a todas luces, una lanzada con "ojos de gata". Si la primera ha respondido a una mano tendida, la segunda es respondona y casi es ella la que toma la iniciativa ("cántame una canción y te sirvo un cubata"). 
¿Mundial? No, algo internacional, pero eurocéntrico. Para compensarlo, vaya la respuesta de los Kjarkas bolivianos (1991) a un amor perdido
No quiero ni pensar cuanto te amé, cuanto sufrí; no quiero saber de ti porque me duele recordar. Si tu amor solo causó tanto dolor, tanto sufrir, quiero decirte, mujer, que sin tu amor puedo vivir. Muchas noches no dormí pensando en ti, pensando en ti, y los celos y el dolor confundía con amor 
Después de haberse quedado sin aquel amor y haber sufrido la pérdida, le dice "quiero vivir, quiero volver a sonreír, quiero gritar que soy feliz, yo sin tu amor puedo vivir". Como los otros tres que siguen viviendo para cantarlo.

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