martes, 8 de marzo de 2016

Sobre el cambio

A nadie se le escapa que en los Estados Unidos está pasando algo, aunque sea difícil saber exactamente qué. Trump por un lado y Sanders por otro plantean propuestas que alteran el modo habitual de afrontar los problemas políticos.
Los dos modos habituales son obvios: los conservadores saben que la situación no permite muchas aventuras y, por tanto, trabajan por mantener el rumbo de la cosa pública sin introducir grandes cambios. A lo más, pequeñas modificaciones para que todo siga como debe ser; los reformistas, en cambio, aumentan el nivel de esas alteraciones pensando que el rumbo no es el apropiado, así que proponen, como su mismo nombre indica, reformas de algo más calado que las que introducen los conservadores. Este texto lo resume muy bien, en particular para el Partido Demócrata.
Estas dos formas de hacer política tienen, de todas formas, una lectura desde el punto de vista de las clases sociales realmente existentes. Los conservadores tienden a favorecer los intereses de "los de arriba" y los reformistas, sin enfrentarlos, añaden su preocupación por "los otros". Claro que los conservadores, si ven que "los otros" empiezan a reaccionar, aumentan sus intervenciones "reformistas" e incluso se llegan a llamar "centro reformista". Quiero decir que esta clasificación de conservadores y reformistas no es dicotómica sino que representa diferentes posiciones en una línea que va del conservadurismo puro al reformismo puro. La realidad está en medio.
¿Qué suponen, en ese contexto, las propuestas de Trump y de Sanders? Pues un cambio en las reglas del juego. Una revolución si se quiere aunque para ello hay que quitar los elementos folklóricos de las revoluciones realmente existentes. Trump es un revolucionario salido de los conservadores y Sanders lo es salido de los reformistas.
Ambos tienen un elemento en común: su distanciamiento frente a los "aparatos" de sus respectivos partidos donde domina, respectivamente, el talante conservador y el reformista. En un caso, lo puede hacer porque tiene dinero. En el otro, porque su crowdfunding funciona relativamente bien. (No hay campaña sin dinero). En otras palabras, porque uno y otro son capaces de encontrar dinero y apoyo fuera de los "aparatos", lo cual les permite plantear temas que ni son conservadores ni reformistas. Revolucionarios.
Pero ¿a favor de quién? Es decir, ¿hay también aquí una lectura de clase? No está tan claro como cuando el asunto se ve en abstracto o según las correspondientes biblias o textos sagrados de cada capilla intelectual o política. Visto desde lejos, Trump funciona bien de cara a las clases medias inquietas, desengañadas, frustradas. Otra cosa es su vocabulario, pero eso es menos importante. Creo. Sanders funciona bien con grupos que no encajan directamente con la perspectiva de clase: jóvenes (inquietos, desengañados, frustrados), algunas minorías y diversos "anti-aparato" (no "anti-sistema").
No proponen, ninguno de ellos, revoluciones a la mexicana, francesa o rusa. Tampoco a la cubana. No hay palacios que ocupar. Pero sí hay un evidente apoyo social que se puede considerar como movimientos sociales en los que se ha expresado la inquietud, el desengaño y la frustración y que estos políticos han sabido recoger y encauzar hacia su propio triunfo. Occupy Wall Street es el más evidente para Sanders, pero no se me ocurre qué tipo de movimientos se puede asociar al auge de Trump.
Valdría la pena plantearse si las "primaveras árabes" tenían esa misma característica inicial y cómo están evolucionando. Y, por supuesto, el 15-M hispano en relación con Podemos (los partidos convencionales, ni siquiera Izquierda Unida, no supieron hacerlo) o con algunas alcaldías como la de Barcelona.
Evidente: no todos van en la misma dirección (parten de situaciones muy diferentes) ni evolucionan de la misma manera (su contexto es también diferente). Pero no es mala cosa preguntarse por sus características comunes. Algo se aprende comparando aunque, como bien decían los escolásticos comparatio non tenet in omnibus, una comparación nunca implica que coincidan totalmente todos los elementos entre lo que estamos comparando. Lo común es lo interesante desde esta perspectiva. Olvidar las diferencias ya es parte del inevitable arrimar el ascua a la propia sardina.

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