sábado, 26 de marzo de 2016

Predicar y dar trigo

Este comentario a propósito de Clinton me hace recordar el dicho según el cual "una cosa es predicar y otra dar trigo". 
En las Españas (Cataluña incluida aunque sea por el momento) ha habido comentarios a propósito de las promesas electorales proclamadas por los nuevos partidos y el choque que han sufrido al tener la posibilidad de ponerlas en práctica por haber alcanzado algún nivel de poder, aunque fuese pequeño, en municipios, diputaciones o comunidades autónomas. Algunas, simplemente porque eran imposibles de llevar a cabo al exceder de las competencias (el poder) que conllevaba el cargo. Habían prometido hacer cosas que son competencia de otras instancias. Otras, porque eran poco razonables y, una vez en el poder, se han dado cuenta. Otras, finalmente, porque eran promesas hechas para no ser cumplidas. Se habían proclamado para engañar, en buen márketing, a los incautos que se las creyeron.
Como buenos políticos (muchos de ellos lo son, aunque no hubiesen tenido nunca responsabilidades de gobierno), algunos han encontrado un excelente sistema para gestionar ese desfase entre promesas y cumplimientos (saben márketing, insisto) y ha sido el de echar balones fuera tomando decisiones espectaculares e intrascendentes para entretener al populacho al que dicen servir, generar titulares en los medios y hacer ver lo coherentes que son con sus principios. Ha sido el caso de decisiones o comentarios sobre procesiones populares (supuestamente religiosas) o sobre el papel del ejército en la educación superior o cosas dichas y, a veces, tampoco hechas. Así es la vida.

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