miércoles, 30 de marzo de 2016

No Podemos sin divisiones

Esta es la versión que puede leerse (subscripción mediante) en el Financial Times y esta es la de Socialismo 21. Ambas son militantes, no se vaya  engañar y piense que una (la que encaja con sus preferencias) es más certera que la otra.
1. Una metáfora: si juegas al ajedrez, no digas "órdago", que eso es de otro juego. Si lo prefieres, si juegas al mus, no digas "jaque al rey", que eso es de otro juego. 
Dejemos la metáfora: el juego político tiene unas reglas dictadas por la misma característica del juego, no tanto por leyes y reglamentos que se le superponen. 
2. Nueva metáfora: si se está en medio de una batalla, no parece sensato convocar a todo el ejército para saber, en asamblea a mano alzada, si se va a atacar al enemigo y, eventualmente, tomar sus posiciones o si se va a esperar, que no es mal referéndum.
Dejemos la metáfora: la batalla política parlamentaria incluye negociaciones que no siempre se pueden dar a conocer a los propios, ya que sería un modo casi seguro de que lo supiesen los ajenos. Negociar es amagar y no dar, proponer con segundas intenciones, exagerar al principio para rebajar después y demás trucos que lleva consigo la negociación. Nada de consultar a la tropa sino concentración de la información en manos de los negociadores y amplia capacidad de decisión igualmente concentrada.
3. Fuera de metáfora: la férrea ley de la oligarquía, según formuló Michels el siglo pasado. A saber: hasta las organizaciones más asamblearias (lo fue, por ejemplo, Solidarnosc en Polonia o la CNT en la Transición española) acaban generando una estructura en la cúpula que paulatinamente dedica más esfuerzos en mantener la organización que en conseguir los objetivos de la misma. Es ley de vida, que diría Iker Casillas.
4. Finalmente, si las organizaciones políticas tienen como objetivo declarado conseguir poder ("el" poder, angelicos), no es de extrañar que algunos de sus miembros, en la cúpula y bajo la férrea ley de la oligarquía, piensen en "su" poder personal, sea para conseguir unos determinados objetivos, sea por el poder en sí mismo. Y que haya conflictos dentro de la cúpula o, fuera de ella, al grito de "quítate tú que me pongo yo". No es exclusivo de Podemos. Está sucediendo en el PSOE y, de manera menos visible, en el PP. No parece que ya haya aparecido en Ciudadanos y ya sucedió en Izquierda Unida. No sé por qué nos extrañamos. Las había hasta en el franquismo: que se lo digan a los finados del Opus Dei frente al igualmennte finado  Fraga Iribarne y cómo se usó un caso de corrupción como el "caso Matesa" para ajustar las cuentas entre unos y otros.

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