domingo, 13 de marzo de 2016

Exiliarse a Canadá

Conozco a dos amigos estadounidenses que se exiliaron a Europa cuando ganó Reagan. Ambos, sobre todo ella, son bien conocidos en mi mundillo y con ellos compartí buenos ratos. No podían resistir estar bajo el mismo techo de tal presidente.
Me he acordado de ellos cuando he leído sobre los estadounidenses que ahora están pensando en trasladarse a Canadá si gana Trump. Cuántos lo acaben haciendo si sucede tal triunfo, eso ya no lo sé.
También yo he pensado más de una vez en irme, siguiendo el verso de Espriu

Oh, que cansat estic de la meva
covarda, vella, tan salvatge terra,
i com m'agradaria d'allunyar-me'n,
nord enllà,
on diuen que la gent és neta
i noble, culta, rica, lliure,
desvetllada i feliç!
(Qué cansado estoy de mi
cobarde, vieja y tan salvaje tierra,
y cómo me gustaría alejarme de ella,
hacia el Norte,
donde dicen que la gente es limpia,
y noble, culta, rica, libre
despierta y feliz)

Pero como en el poema, y al margen de los ocho años que viví fuera de España por otros motivos, no me he ido. Amigos a los que comenté mi "cansancio" me respondieron con un "¿y a dónde vas a ir, inocente de ti?". Quiero decir que les entiendo, a pesar de lo absurdo que es tal comportamiento estadounidense si se lo compara con otros demandantes de asilo que no tienen las facilidades que estos tienen en origen  -USA- y en destino -Canadá- o que yo habría tenido de haberme dejado llevar por mi sueño absurdo. Pienso, obviamente, en los sirios y demás expulsados por las terribles condiciones en origen y la indecente política que encuentran en destino. Hasta en eso hay clases.

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