martes, 29 de marzo de 2016

El delito no tiene patria

La verdad es que el crimen cambia de país a país e igualmente cambia el castigo. Lo que en un sitio no es delito (comportamiento homosexual, por ejemplo), en otro es estigmatizado (pobre rusos que tienen que hablar de Tchaikovsky), perseguido y, eventualmente, castigado. Y los castigos para un mismo delito cambian también de país a país. El caso más evidente es el de la pena de muerte que mantienen respetables países como los Estados Unidos, Japón, China o Arabia Saudita y es rechazado sin contemplaciones por el conjunto de la Unión Europea, aunque de vez en cuando se oyen voces sobre su re-instauración, por ejemplo para casos de terrorismo olvidando los casos de error policial y judicial que habrían llevado a decisiones irreversibles (el asesinato judicial que de tanto en tanto se produce hasta en los países más respetables como los Estados Unidos).
Los delincuentes tampoco tienen patria. Los medios se encargan de proporcionar la "raza", origen o nacionalidad del delincuente, de forma que, muchas veces, colaboran con estereotipos latentes o explícitos en una sociedad. Es el caso de los gitanos (pueblo rom) en España.
Y los políticos también usan ese argumento que, en general, resulta exagerado. El ejemplo más notorio es el de Trump sobre los inmigrantes mexicanos. Pero, ahora, han sido los partidarios del Brexit los que lo han hecho: han publicado una lista con los 50 originarios de un país de la Unión Europea que han cometido delitos graves, de la violación al asesinato. Un argumento más para poner coto a la llegada de estos indeseables, es decir, un argumento más para poner barreras a la inmigración legal de ese tipo de europeo (los de la Unión) y un argumento más para dejar dicha Unión.
No voy a entrar en el uso político de tales datos sino en el mal uso de los mismos. Primero, dicha lista tendría que ir acompañada por la de los indígenas y aborígenes del más rancio abolengo inglés. Cuántos han cometido tales crímenes. Conocer es comparar. Y, después, no es la lista lo que tendría interés sino el porcentaje que suponen los delincuentes de la UE sobre el total de residentes y el porcentaje de los delincuentes ingleses sobre el total de ingleses (estoy diciendo ingleses porque es sabido que los escoceses -el Partido Nacionalista Escocés, para ser exactos- tiene sus propias estrategias frente al referéndum de junio). 
Probablemente el porcentaje de los "europeos" sería mayor que el de los "ingleses". Tal vez. No estoy seguro. Pero de ser así, tampoco probaría nada, más allá de esa excitación de sentimientos muy primarios en que se han convertido las campañas electorales (y, en las Españas, las negociaciones para formar gobierno, muy a la belga, con los observables problemas que ha tenido el alcalde valón frente a sus vecinos flamencos en los sucesos de la plaza de la Bolsa de Bruselas).
En todo caso, y sabiendo que el delito sí que tiene clase (clase social quiero decir: hay delitos de pobres y delitos de ricos y delitos "transversales"), el origen del delincuente no dice mucho ni puede ser un argumento en el caso de que tenga base empírica tal despropósito. 
Si diéramos un puntaje a la posición social de cada individuo (estudios, ingresos, residencia, cobertura, necesidades insatisfechas etc.) y sacásemos la media para los locales y para los llegados de fuera, lo más probable es que encontrásemos puntajes más altos para los locales que para los inmigrados. Y ahí está el quid de la cuestión. 
Ya puestos, seguro que entre los inmigrados hay pocos delitos de "cuello blanco", ninguno de ellos ha manipulado el euríbor o ha movido ilegalmente capitales en la City o ha cometido "delitos del iniciado" (información privilegiada). No creo que eso sea un motivo para echar a los ingleses al canal de la Mancha (English Channel para los ingleses). O tal vez sí, dados los efectos que sus decisiones tienen sobre tantas y tantas personas.
Pero si quieren irse, que se vayan. Están en su derecho a decidir. Como tendría que ser en otros lugares, por ejemplo el Sáhara. O, si quieren, las Islas Malvinas/Falkland, a pesar de todo. O Gibraltar. O, si me apuran, en Cataluña, Ceuta y Melilla. Pero que no cuenten cuentos ni unos ni otros. Tendrían que hacerlo hasta los beneficiados por las macrofiestas estudiantiles inglesas en Cataluña o portuguesas en la provincia de Huelva.

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