miércoles, 16 de marzo de 2016

Comparar a Trump

Copio y pego esta impresionante lista de bien conocidos autores que han comparado a Trump con igualmente conocidos personajes. Ya se sabe que en campaña vale todo (hasta la violencia escuadrista) y que no todas las comparaciones tienen que ser necesariamente válidas, amén de que comparatio non tenet in omnibus, la comparación no vale para todos los componentes de los elementos comparados, pero ahí va con sus correspondientes enlaces:
You must have noticed the Hitler comparisons, right? Amid the recent “Nazi” controversy (over whether those right hands raised in a pledge to vote for Donald Trump at his “movement” rallies are actually copycat Sieg Heils), a bevy of pundits, commentators, and other figures, including the Mexican president and Anne Frank’s stepsister, have been comparing The Donald to Adolf Hitler. But have you noticed that others are pointing to Italian fascist dictator Benito Mussolini, Argentinian caudillo Juan Perón, right-wing Italian newspaper magnate, billionaire, and former Prime Minister Silvio Berlusconi, present head of the far-right National Front Party of France Marine Le Pen or her father, the founder of that party and Holocaust denier Jean-Marie Le Pen (who endorsed Trump recently), and even left-wing Venezuelan President Hugo Chávez? And that’s not to speak of President Richard (“Tricky Dick”) Nixon, segregationist Alabama governor and presidential candidate George Wallace, senator and Republican presidential candidate Barry Goldwater, Louisiana governor and populist Huey Long, and former car manufacturer, presidential possibility, and notorious anti-Semite Henry Ford, which is just to begin a list of history’s potential Trump impersonators, not end it. (And don’t even get me started on mentions of “fascism” and “authoritarianism” in the media these days!) 
El constatar el riesgo de un fascismo americano no es nuevo. En 2004, en mi Democracia made in USA (capítulo 5) ya recogía opiniones de estadounidenses en ese mismo sentido. Entonces se hablaba más de factores sociales (estructurales que dirían algunos). Ahora se concentran en una figura, con sus luces y sombras, cuando el problema son sus millones de partidarios a cuyas demandas y frustraciones responde Trump con mucha inteligencia en el contexto del difundido anti-intelectualismo estadounidense. No tiene por qué creer en lo que dice. Basta con que lo crean sus votantes, lo cual no convierte las creencias de estos en verdades absolutas. En eso, no es diferente de otros candidatos. En muchas otras cosas, sí.
(Añadido el 21 de octubre: se compara aquí a Trump con Berlusconi)

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