domingo, 28 de febrero de 2016

Cómo funciona el mundo

Se trata de una narración de los hechos acaecidos en Timor Leste (entonces Timor Oriental) a partir de 1975 comenzando un año antes, cuando Suharto toma el poder en Indonesia. No es ropa vieja porque ahora se conocen algunos detalles escabrosos sobre cómo fue la lucha contra los independentistas. Dos puntos merecen atención particular ya que no solo se refieren a dichos hechos sino que pueden encontrarse en otros contextos y tiempos y que el texto eleva a categoría de cómo funciona el mundo.
1. La teoría del "hijo de puta", es decir, el principio que justifica cualquier barbarie siempre que sea perpetrada por uno de los nuestros. Fue formulada con esas palabras por Franklin Delano Roosvelt a propósito de Tacho Somoza, dictador nicaragüense: "Sí, es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta". El texto de Pilger que cito la aplica a Suharto. Y explica por qué Gadafi fue malo-malísimo, bueno-buenísimo y, de nuevo, malo-malísimo. No fue su "hijoputez" lo que contó para ese cambio sino el "nuestro": fue bueno cuando fue "nuestro" hombre "on the spot", amigo de José María Aznar y con buenas relaciones con el entonces ministro Moratinos.
2. La teoría del "vice-sherif", en el caso de Timor, Australia, es decir, potencias en las que el Gran Sherif (la potencia hegemónica en el momento, obviamente los Estados Unidos) delega sus funciones de apoyo al "hijo de puta" de turno o actúa directamente en función de los intereses "generales", es decir, de "occidente", es decir, de su potencia hegemónica. Tiene dos fallos. Uno, que se puede discutir, en el caso de Israel, si actúa como tal "vice-sherif" o es a la inversa, es decir, si los Estados Unidos actúan en función de los intereses israelíes. Y algo parecido sucede con la Unión Europea. No tanto que, si hay gas y petróleo, las alineaciones (como sucedió en Timor) son más claras. Y, segundo fallo, que no siempre la potencia hegemónica lo es de manera absoluta. Más bien sucede que, por debilidades internas y por fortalecimiento de los competidores, el "sherif" (y sus "vice") no siempre puede actuar como dictarían los intereses de sus grupos de poder.
Lo de Timor (tuve amigos muy relacionados con la entonces colonia portuguesa) fue, sabemos ahora, mucho más espeluznante de lo que pareció en el momento. Pasado está aunque las huellas psicológicas dejadas en su población sigan perceptibles. Pero las teorías, más o menos como he dicho, permanecen.

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