viernes, 5 de febrero de 2016

Comentarista político

Un conocido y algo amigo me llamó el otro día "comentarista político", no sé si de forma despectiva ya que eso le situaba muy por encima de mi estatus que, frente al suyo, se encuentra a pie de tierra. Pero es lo que soy: por lo menos, comentarista.
Las negociaciones de estos días en España para intentar formar gobierno permiten muchos comentarios (volveré a ese asunto), pero no vendría mal que se distinguiesen algunos aspectos. Estas sería mis normas que, como tales normas, incumplo de vez en cuando.
1. Conviene distinguir entre lo que las cosas son y lo que me gustaría que fuesen. Aunque parezca mentira, la frontera entre un argumento sobre lo que las cosas son y un argumento sobre lo que deberían ser, suele ser una frontera muy tenue. En todo caso, suspendo la lectura (o dejo de escuchar) cuando aparecen de manera excesiva esos "debe", "debemos", "deberían" con los que el comentarista aconseja a la realidad para que se adecue a lo que el comentarista prefiere. La realidad, por supuesto, permanece indiferente ante tanto "deber ser".
2. Conviene partir de hechos contrastados y no confundirlos con las intenciones de los actores en liza. El hecho, ahora, es que el resultado de las elecciones generales de diciembre no da pie a formar un gobierno con facilidad. El Rey recibe a los distintos grupos parlamentarios y se supone que propone un presidente que tendrá que ser aprobado por el Congreso. Pues bien, Mariano Rajoy, candidato del partido más votado (PP), sabiendo que no tiene apoyos suficientes para conseguir esos votos parlamentarios, renuncia a ser propuesto. El Rey, entonces, propone al siguiente en la lista, Pedro Sánchez, PSOE que comienza a verse con los representantes de los demás partidos, incluso de los que saben que no van a votar por su candidatura.
3. Seguimos con los hechos. El PP ha propuesto un gobierno encabezado por Rajoy en coalición con el PSOE y Ciudadanos (Podemos, a  decir extraoficial de algún ministro del PP, es un peligro hasta para la lucha antiyihadista). Al mismo tiempo, Pablo Iglesias se adelanta a proponer su participación en un gobierno del PSOE indicando los ministerios y las personas que lo ocuparían y exponiendo sus exigencias(sus rayas rojas) que el PSOE tendría que aceptar para que le apoyase en la coalición. A poco, llama hipócrita y otras lindezas al PSOE (lo que se llama "ganarse amigos") y, finalmente, se une al PP para pedir que el pleno para la posible investidura de Sánchez como presidente sea lo antes posible (15 días).
4. Y ahora vienen los juicios sobre las intenciones que pueden tener cada uno de estos actores que, se diga lo que se diga, no son conocidas para el común de los mortales incluyendo a los comentaristas más afamados. Sin embargo, esas intenciones tendrían que ser conocidas si queremos entender los hechos recién resumidos.
- PP: quiere que el PSOE fracase en el intento para presentarse como salvador de la patria en circunstancias tan adversas como las que atraviesa Europa y el mundo y, de paso, para poner en sordina sus problemas con la corrupción de algunos de sus miembros, algunos muy destacados.
- PSOE: sabe que la aritmética y los rechazos entre partidos hacen prácticamente imposible que obtenga votos y abstenciones suficientes para lograr el cargo. Pero quiere por lo menos dos cosas: reafirmar su tambaleante liderazgo dentro del partido (que es un hecho) y prepararse para las elecciones después de una mala campaña electoral (otro hecho) que ahora podría mejorarse y así evitar ser fagocitado por Podemos o la abstención.
- Podemos: quiere presentarse como el gran caballero blanco pero quiere evitar que se le acepte. Es decir, quiere que se le vea como imprescindible y de "nueva planta" al tiempo que se prepara para unas elecciones generales en las que volvería a morderle votos al PSOE. Va de posible aliado en una coalición que procura evitar al mismo tiempo.
5. Todo lo dicho en 4 es problemático, pero es lo que da sentido a lo dicho en 2 y 3, razón por la que se utilizarán como si fuesen datos, sobre todo si permiten que nos acerquemos al "deber ser" (punto 1) que prefiere el comentarista.
6. Compliquémoslo un pelín más: no son de descartar negociaciones secretas, reparto de papeles (tú dices eso, yo diré lo otro, aunque tú y yo sabemos que vamos hacer algo diferente) y globos sonda. Es posible que algunos de los datos sean falsos. No sería la primera vez que sucede en esta España post-franquista. Ya lo comenté aquí a propósito de la diplomacia secreta en la que España no es única o aquí a propósito de los acuerdos bajo manga entre Adolfo Suárez (UCD, conservador) y Santiago Carrillo (PCE). Qué esté pasando ahora en este terreno me hace ser muy cauto como comentarista político. Ya me equivoqué pensando que en Cataluña no habría acuerdo entre JxS y la CUP y, por tanto, habría elecciones anticipadas... que es lo que ahora pienso que va a suceder en España, pero que igual me equivoco como me equivoqué con Cataluña. Se verá. Scripta manent
(Añadido el 7: he leído el diario "El Mundo" en el desayuno del hotel. Constato que hace falta una categoría más: la mentira o la suposición gratuita y/o interesada que no pueden demostrarse pero que orientan la interpretación hacia un punto u otro)

No hay comentarios:

Publicar un comentario