viernes, 19 de febrero de 2016

Ciclos políticos

Los partidos, como los seres humanos, nacen, crecen, se reproducen y mueren. Algunos son longevos. Otros son flor de un día. Y las muertes se deben a condiciones ambientales (esa fue la epidemia italiana que terminó con todos los partidos existentes hasta ese momento) o a errores cometidos por su dirigencia. No sé si esto se aplica, en las Españas a UPyD o se va a aplicar al PP (del modo en que le pasó al PSI de Craxi en Italia) o al PSOE (fagocitado por Podemos o incapaz de gestionar sus propias contradicciones, en particular la de sus "barones" territoriales). Tampoco sé si  se puede aplicar al MNR boliviano o al APRA peruano. Pero hay quien dice que la decadencia terminal se está apoderando del GOP -la O significa "viejo", "antiguo"-, es decir, el Partido Republicano estadounidense.
Lo que sí sé es que los partidos son instrumentos de participación política, insustituibles a pesar de sus muchos defectos humanos. Pero que no son dioses a los que se debe amor, respeto y veneración. Al ser manifiestamente mejorables, son también evidentemente cambiables. No pasa nada si alguien deja de votar a "su" partido y vota por otro o si colabora en la eutanasia de partidos ya inútiles para el fin que se podría esperar de ellos.
Banderas, himnos, fundadores, próceres, héroes, hazañas (e intereses no tan presentables) generan la identificación con un partido o con otro. Pero cuando dejan de ser útiles, no pasa nada si uno se "convierte" a otro partido o, sencillamente, se vuelve agnóstico o, por lo menos, escéptico.
Pero el ambiente cuenta y, sí, tal vez estemos entrando en un nuevo ciclo, por lo menos en algunas partes del Planeta. Eso explicaría los problemas de algunos políticos a los que me referí hace un par de días.

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