jueves, 21 de enero de 2016

Trabajo infantil y revolución industrial

La Revolución Industrial inglesa (Dickens la describió) se hizo con jornadas de trabajo interminables, indefensión del trabajador -nada de sindicatos- y trabajo de mujeres y niños que hasta terminaban durmiendo en la fábrica para así poder cumplir las jornadas de trabajo que se les imponían. Supongo que el PIB aumentó y supongo que los políticos se congratularían de ello (si es que ya se calculaba tal cosa a la que ahora se añaden, en la Unión Europea, estimaciones sobre la prostitución y del narcotráfico). Los que veían reducirse su esperanza de vida día a día gracias a aquellas condiciones de trabajo seguro que tenían otras opiniones sobre si el país iba bien o mal. O igual su extrema situación les impedía tener opinión al respecto: les bastaba con sobrevivir.
Estamos en la supuesta Cuarta Revolución Industrial, según reza el título de la reunión del Foro Económico Mundial de Davos. No me extrañe, pues, que la referencia a un informe de Amnistía Internacional me haya hecho pensar. Se trata de las condiciones de trabajo para los niños (no sindicados, por supuesto) que trabajan en jornadas interminables y contextos insalubres extrayendo los minerales que formarán parte de los gadgets que ahora podrían formar parte de este supuesta Revolución (industrial, por supuesto).
El FMI da crecimientos mundiales curiosos para 2016: algo superiores a los de 2015, pero inferiores a los anteriormente previstos para dicho año. Extraña revolución industrial. Sobre todo sabiendo lo que de financiero tiene el crecimiento, o mejor, el riesgo mundial.
Sobre el trabajo infantil, tengo un amigo que trabajó años en el tema bajo el siguiente supuesto: no se trata de suprimirlo -las familias necesitan ese ingreso-, sino de mejorar sus condiciones y hacerlas compatibles con el sistema educativo. No afectaría a la "revolución", pero resolvería muchos problemas presentes y futuros.

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