martes, 12 de enero de 2016

Exit para todos los gustos

Dejando de lado los casos particulares de Hungría y Polonia, son cuatro los "exit" que se me ocurren para la Unión Europea.
Grexit. Se intentó desde los que mandan en Bruselas una expulsión o, en términos menos duros, un endurecimiento de las condiciones de permanencia de manera que la salida fuese preferible al seguir dentro del infierno. Habría que elegir entre Guatemala y Guatepeor. El tema no está zanjado.
Brexit. El referéndum inglés sobre la permanencia o no en la UE está sobre el tapete. Curiosa mezcla de sentimientos nacionalistas-soberanistas (los hay que no toleran que les manden desde Bruselas) y cálculos económicos por parte de la City. Me parece sintomático que Toyota ya haya dicho que seguirá en Inglaterra incluso si sale de la Unión. No tengo nada claro qué pinta el nacionalismo escocés en este proceso, pero debe de ser por falta de atención a la información disponible.
Frexit. El posible triunfo del euroescéptico Front National en las elecciones presidenciales de 2017 (estamos hablando de dentro de 18 meses más o menos). De nuevo los sentimientos nacionalistas-soberanistas frente al poder de Bruselas (y de la "troika"). La soberanía reside en la nación francesa, como Valls se encargó de recordar a los independentistas corsos que no hay tal cosa llamada "nación corsa" y que de independencia, nada. Pero, en esa misma línea, Le Pen dice algo parecido sobre la "nación francesa" independiente de Bruselas. Está por ver.
Catalexit. La lectura de textos ideológicamente opuestos como este de la FAES. el "think tank" del Partido Popular, y este de Presidencia de la Generalidad Catalana ambos en 2014, muestra hasta qué punto el tema está planteado en el caso de que se produzcan los pasos previstos para estos 18 meses que llevarían a la independencia de Cataluña. Si el primer texto dedica más espacio a subrayar los perjuicios que supondría la secesión para Cataluña y para España (o el resto de España), el segundo plantea alternativas a lo que podría suceder: si Cataluña se separa de España, deja de pertenecer a la Unión Europea. Hay, además, un elemento adicional curioso: el nuevo gobierno de Barcelona estaría apoyado, simultáneamente, por quienes quieren seguir dentro de la Unión (Convergència sobre todo) y quienes quieren poner en práctica el secesionismo no solo frente a Madrid sino también frente a Bruselas (la CUP, coherentemente anticapitalista).
Entre lo que deciden los políticos y lo que afirman en público o interpretan los plumillas, blogueros y tertulianos suele haber un cierto desfase. A veces, enorme. Pero para estos "exit", al que habría que incluir el de España (hay quienes desean por lo menos salir del euro), conviene distinguir entre lo posible (los cinco son posibles), lo probable (ahí ya es más complicado responder con fundamento) y lo deseable, añadiendo en este último caso para quién sería deseable dentro y fuera del territorio. Intentar evaluar los efectos que tendría para unos y otros cada una de estas salidas es tarea titánica o fantasiosa.
Pero sí hay algo que me queda claro: a pesar de las claras diferencias entre los cinco casos, más los dos citados al principio y sabiendo que hay quien añade un Germexit, parece que nos encontramos ante síntomas de algo previo a todos ellos y es la enfermedad europea agravada por la violencia y por las sucesivas crisis de inmigración. Es duro reconocer que gente tan sabia y enterada pudo haber cometido errores de fondo con la unión primero y con el euro después.
(Añadido el 15: se explica aquí por qué el referéndum británico podría ser en junio o julio de este año)
(Añadido el 16: más sobre el problemático futuro de la Unión, aquí, aunque hay que registrarse y la revista no es particularmente generosa dando acceso a sus textos)
(Añadido el 1º de marzo: ya hay fecha para el referéndum británico y toma de posición de los nacionalistas escoceses ante el asunto, aunque no me fío de la fuente)

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