viernes, 22 de enero de 2016

Elecciones importantes

No me refiero a las que podrían producirse en las Españas si los encajes de bolillos que hacen ahora los partidos no llevasen a buen fin a alguno de ellos y obtuviese el encargo de formar gobierno y este fuese aprobado por la cámara. Y no porque los que no lo consiguiesen tendrían su especial inquina al triunfador (si es que tal cosa se puede decir de quien sale por los pelos), sino porque los resultados, voto arriba, voto abajo, vendrían a ser muy parecidos a los producidos el 20 de diciembre pasado. Reflejan, se supone, la sociedad y, de llevarse a cabo esas elecciones en marzo, no parece que la sociedad vaya a cambiar tanto en tres meses  en los que las tertulias, con honrosas excepciones, han estado hablando del asunto de la manera más superficial posible (metáforas tomadas del fútbol, del boxeo, de tenis, con árbitros incluidos). Los menos creyentes y más cínicos, añadirán que no creen que la sarta de mentiras (algunas ya verificadas en estas negociaciones) que llaman "campaña electoral" vaya a cambiar mucho las adhesiones inquebrantables a sus respectivo equipo de fútbol, perdón, a su partido de siempre o emergido (ya no emergente). El par de encuestas que he visto darían un ligero aumento para el PP y división de opiniones para el PSOE (aumenta en una y disminuye en otra, vaya usted a saber). Tal vez ligera reducción de Ciudadanos y misterio sobre Podemos, vaya o no otra vez con sus compañeros "territoriales" y "confederales".
Pero no. Las elecciones muy importantes son las que se van a producir en los Estados Unidos con unas primarias inminentes y un alineamiento creciente de los pesos pesados (reales o mediáticos) de cada a cada uno de los pre-candidatos. Por ejemplo, Sarah Palin dando su apoyo a Donald Trump. Si no tengo ni idea sobre lo que puede pasar en el gobierno de Madrid (y eso que sufro todo tipo de bombardeos informativos, si es que merecen tal calificativo), ya me dirán qué puedo pensar sobre los Estados Unidos. Pero allá va.
Mi campaña favorita habría sido la de Clinton frente a Bush. La familia que reina unida, permanece unida. Los aparatos de los respectivos partidos tampoco le harían ascos a tal "ticket", y sí que se los hacen a Bernie Sanders (y su "socialismo con características estadounidenses") y a Donald Trump. El primero tiene apoyo popular y, en varias encuestas, ha ido por delante de Hillary entre los votantes demócratas. Pero tendría que conquistar también a algún republicano e independiente: es un sistema mayoritario que se puede ganar o perder por un voto -o por un tribunal local controlado por el hermano del contendiente, como fue el caso de los hermanos George W. y Jeb-. Mala barraca. El apoyo de Trump es también evidente: dice a la gente lo que la gente quiere oír (y digo "gente" con toda la maldad de que soy capaz). 
Ambas posibilidades (Sanders y Trump) horrorizan a los aparatos de sus respectivos partidos que harán todo lo posible para "gestionar" los sucesivos caucus y primarias hasta llegar al Gran Día de la convención, para que no salgan. Los medios afines a uno y otro, colaborarán activamente, como suele suceder. Sería una polarización curiosa, digna de seguimiento. 
Y en el caso de que ganara Trump. Cosa de ir preparándose para entretenidos cuatro años (no más).
Chi vivrà, vedrá.

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