martes, 26 de enero de 2016

Cambio vs estabilidad

El título de este post se discute en las Españas en este ambiente de confusión sobre negociaciones de cuyo resultado no sé si alguien tiene idea de cómo pueden resolverse. Por eso me resulta interesante compararlo con las primarias estadounidenses donde el cambio es la norma. 
Donald Trump representa el cambio para su mismo partido y para sus numerosos y fervorosos seguidores que seguirían detrás de él aunque se hubiese puesto a disparar en la 5ª Avenida (por lo menos eso dice Trump). Cierto que los republicanos más conservadores no acaban de sentirse seguros con este empresario-religioso-político-actor, y más con las experiencias anteriores con empresarios metidos a políticos, financiando en buena parte sus costosísimas campañas (todas lo son) y con apariencia de echar por tierra la supuesta estabilidad del país. Bueno, de la economía del país que, con Trump o sin Trump, ya está suficientemente inestable. Algunos recuerdan a Berlusconi y hasta a Ross Perot y pocos al ecuatoriano Álvaro Noboa, Kuczinsky en el Perú o, si se quiere, Macri en Argentina. Hay pues un cierto triunfo del cambio sobre la estabilidad dentro del partido. Por lo menos, eso parece desde la distancia.
Para el partido Demócrata la cosa se presenta de otro modo: la estabilidad es la de Hillary Clinton y el cambio lo representa Bernie Sanders, ese del que la prensa española no decía nada y ahora, al ver que podría ganar a Clinton en Iowa y en New Hampshire, comienzan a darse cuenta de que existe. Por eso dicen que el cambio precisa de corazones progresistas y no de cerebros centristas. Eso dicen los que quieren el cambio. Los que optan por la estabilidad, sobre todo si están financiados por Wall Street, hacen todo lo posible contra el cambio de Sanders, que ha llegado a decir, horribile auditu, que propugnaba un "socialismo americano" (es decir, estadounidense).
Pero el problema es saber, primero, cuál de los cuatro (si no hay un tercer candidato, independiente en este caso), llega a ser candidato a la presidencia y, sobre todo, cuál de los dos (o tres) que llegan a la campaña presidencial va a representar el cambio o la estabilidad para un electorado que prefiere una cosa u otra. Cosa que no sé.
Tampoco sé, en el caso español y a pesar de las encuestas ad hoc, qué prefieren mayoritariamente los votantes, si cambio o estabilidad. Mi impresión es que, de producirse una nueva campaña electoral después del fracaso de la feria de las vanidades que han sido las negociaciones, aumentarán los que prefieren estabilidad que la ven representada por el Partido Popular, ahora en el gobierno. A costa de Ciudadanos. El miedo al cambio no augura nada bueno para el Partido Socialista y sí para Podemos que aprovecha el miedo trasformado en promesa de hacerlo desaparecer (eso es el cambio) para alcanzar mejores resultados.
Curiosamente, es más fácil hacerse una idea sobre los Estados Unidos que sobre las Españas. Están locos estos humanos.

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