miércoles, 23 de diciembre de 2015

Cultura de muerte

No es una noticia muy navideña de "paz a los hombres de buena voluntad", pero es ahora cuando me llega este post del National Security Archive con los documentos recientemente desclasificados que muestran los objetivos nucleares que el gobierno estadounidense "tuvo". Ciudades, centros neurálgicos, industrial, todo lo que hiciese falta para vencer y, ya de paso, saltarse la legislación internacional, bello adorno para cátedras y bibliotecas, pero irrelevante para el que manda. Que para algo manda: para estar por encima de la ley.
Puedo suponer sin temor a equivocarme, que los soviéticos de entonces también tenían su lista, con lo que se conseguía aquel enternecedor MAD, que no solo significa "loco" sino también "destrucción mutua asegurada", que es una de las definiciones de la victoria más cretina que conozco.
Y me pregunto quién está haciendo ahora qué listas contra quien y, de nuevo, saltándose alegramente todo el derecho internacional público. Seguro que existen y seguro que a sus autores no les preocupa para nada la vida de las posibles víctimas, "efectos colaterales" de la estupidez humana que, por suerte, parece que ningún otro animal comparte. Pero debe de ser porque los otros no son "racionales" como nosotros.
¿Decadencia de los estudios internacionales? Lo comprendo: no hace falta comprender al "otro": basta con matarle en el peor de los casos o, sencillamente, ignorarlo como si no formásemos parte del mismo barco. Que, por cierto, se hunde.

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