lunes, 16 de noviembre de 2015

Integración, conversión, equidistancia

En uno de mis chats un buen amigo se plantea si va a ser posible integrar a gente como los asesinos de París. Responde que no y añade que, encima, es gente que quiere llevarnos a vivir como ellos. Por partes.
Integrar a delincuentes de clase baja en la sociedad de clases medias es muy difícil. Prácticamente imposible. Y estos son delincuentes. Como los que matan mujeres, violan niños o maltratan ancianos. O los que roban carteras en los trasportes públicos. Otra cosa es los que, clase alta, roban en delitos de cuello blanco (grandes estafas, grandes casos de corrupción, grandes manipulaciones de euribor y cosas por el estilo). En ese caso, los delincuentes no solo están "integrados" sino que pueden llegar a ser un modelo a seguir por parte de la sociedad de clases medias. Los asesinos del tipo mostrado el viernes pasado, no. No se pueden integrar. Además, han llegado al terrorismo después de haber estado marginados de esa sociedad, como comenté ayer. Acabar con ellos lo veo también complicado (como acabar con la violencia contra las mujeres, por más que aumenten las penas y se ayude a la denuncia). Prevenir, vigilar, educar, sí. Pero esto último sabiendo que el asimilacionismo funciona tan mal como el multiculturalismo. Estoy, pues, de acuerdo con mi amigo, aunque por motivos diferentes.
En cambio no creo que estos asesinos tengan planteado el convertirnos al Islam. Eso es lo que han hecho los conquistadores que en el mundo han sido y los misioneros que en el mundo sigue habiendo. Cierto que hay misioneros (que conozco personalmente) sumamente respetuosos con las costumbres locales y que no desean "europeizar" a la gente con la que tratan. Pero también conozco a misioneros que han "occidentalizado" a sus feligreses (católicos o protestantes, que de todo hay) consiguiendo con ello una evidente mejora de las condiciones de vida locales. Pero estos de ahora no quieren convertirnos al Islam. Entre otras razonas, como comentaba ayer, porque es dudoso que sean realmente musulmanes. Es una guerra muy particular en la que no se quiere conquistar al otro. Pienso en Beirut y sus más de 40 muertos pocos días antes de París.
"Occidente", como decía ayer el ministro de asuntos exteriores español, lo que tiene que querer es destruirlos. "Ellos" no tienen ese objetivo ni el de conquistar "Occidente" para obligarles a la conversión (novelas como la de Houellebecq son otra cuestión). Es algo más complicado. Además, no pueden. Ni siquiera llevan a cabo labor de proselitismo como pueden hacer los Testigos de Jehová que pasean por mi pueblo dispuestos a mostrarme la verdadera verdad.
Lo que parecen querer (según sus propias páginas citadas aquí) es acabar con esa visión del mundo que no lo ve en blanco y negro sino en tonos grises. Quieren que se vea el asunto como una lucha entre dos bandos y solo dos bandos: ellos (representando al Islam, sí) y los otros (los cruzados). En blanco y negro. Y con "Occidente" rechazando a los musulmanes que viven en "Occidente".
No hay solo dos bandos, repito. Eso es caer en lo que varios desean por motivos no siempre claros, que no excluyen los electorales y en eso están de acuerdo con el EI: a más xenofobia e islamofobia, con objetivos electorales, mejor se alcanzan los objetivos del EI.
Pero todos vienen envueltos en algo común que derivan de su común antepasado judaico. Primero, la ley del Talión: ojo por ojo, diente por diente. Y, al final, como decía Gandhi, todos ciegos, que es lo más probable dada la espiral acción-reacción en la que andan metidos unos y otros. Y, después, la idea de que "el que no está conmigo, está contra mí", que es lo que supongo me acabará salpicando.
Ya me pasó cuando ETA, el grupo armado vasco, estaba en activo: que no podía intentar entender a unos y a otros. El resultado era que me tachasen de "equidistante", que es lo peor que se puede ser cuando "el que no está conmigo etc.". Ahora me puede pasar con DAESH (el Estado Islámico en sus siglas árabes que los medios utilizan para no tener que decir "el auto denominado Estado Islámico", como si los demás estados del mundo no fuesen autodenominados). Cierto que unos y otros aplican este precepto talmúdico y cierto también que tengo algún amigo que pretende estar a favor de unos y otros ofreciéndoles alternativas a su situación actual que serían mutuamente beneficiosas. Pero no doy para tanto y me quedo en un sencillo estar contra las prácticas violentas de todos ellos aunque no sea más que porque estoy convencido de que no llevan a los objetivos que dicen perseguir. Todo ello al margen de la repugnancia que me produce la violencia del Estado Islámico y la de los "occidentales". 
Dixi, et salvavi animam meam.

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