miércoles, 21 de octubre de 2015

Hay que ser buenos

Desde fuera de la política, es frecuente encontrar posturas como las de los que, sin hacer un buen diagnóstico, recurren a la terapia del "hay que ser buenos". Suele suceder, por ejemplo, en el caso de la corrupción política: cuando se ve que no funciona el aumentar los castigos sin aumentar las probabilidades de "pillar" a los delincuentes, se suele recurrir a la ética o a la moral, a un genérico "hay que ser buenos" ajeno al funcionamiento real de ese do ut des que es la corrupción. Bernie Sanders, pre-candidato demócrata a la presidencia USA, lo ha expuesto con claridad como parte de su propia campaña:
Saying to Wall Street and the drug companies and the rest of the billionaire class, "please, do the right thing" while taking their money to fund your campaign is both naive and ultimately ineffective
Es un caso en el que el "hay que ser buenos" salta por los aires como ingenuo y, finalmente, inefectivo: decirlo a determinados grupos mientras se reciben donaciones de dichos grupos no acaba de tener sentido... excepto en el de engañar a los votantes. 
Pero no me refiero tanto a los políticos usando ese argumento (que ya se las trae), sino a los opinadores que proponen esa "solución" para acabar con los comportamientos corruptos. En una campaña electoral, pueden abundar los "hay que ser buenos" seguidos por la promesa (normalmente incumplida si se llega al poder; si no se llega, es gratis) de aumentar las penas para los "malos" denunciando sus "maldades" y sin, por ello, aumentar las probabilidades de descubrir sus fechorías, es decir, sin aumentar el personal dedicado a la investigación policial. No suele haber, en cambio, muchas propuestas para prevenir el tema, quedando muchas veces reducido al "hay que ser buenos" o esperando un cambio civilizatorio que escapa de la capacidad de decisión de (casi) todos los habitantes del Planeta. 
Dicho recurso al cambio puede venir acompañado por referencias a casos concretos en los que, a escala local, se ha producido tal cambio de lógica olvidando que el do ut des de la corrupción ya se daba en contextos pre-capitalistas; baste recordar lo sucedido en Roma en su decadencia, cosa que ahora se desentierra para encontrar analogías con lo que ahora sucede. Mi problema, al margen de mis dudas sobre el funcionamiento real de dichas experiencias locales al margen de sus relaciones públicas que suelen ser buenas, es que para conectar físicamente dichas experiencias hacen falta carreteras, aeropuertos, tendidos de ferrocarril en los que se da, precisamente, una mayor incidencia de corruptos que acuden como las cien mil moscas al panal de la rica miel del presupuesto del Estado. ¿Tienen ordenadores y wifi para pregonar sus éxitos? Pues queda por saber si los han producido a escala local y si las concesiones para la fibra óptica se han llevado a cabo suponiendo que "hay que ser buenos".
No soy contrario a los predicadores de la ética o la moral. Solo digo que no es suficiente ni hay por qué sentirse auto-satisfecho por usar de tales prédicas. Hace falta algo más: prevención, prevención y prevención, que es lo que hay que exigir a los partidos políticos que concurren a unas elecciones. Prevenir es curar. Decir que la salud es mejor que la enfermedad son ganas de decir algo obvio. Y eso vale para la paz, el desarrollo y la política decente.

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