sábado, 17 de octubre de 2015

Drones inteligentes

Afganistán, Pakistán, Yemen y Somalia los sufren. Por lo menos que se sepa. Son esas nuevas armas que permiten matar a mucha distancia con lo que el que mata siente mucho menos que si estuviese cerca (se sabe desde los experimentos de Milgram). Tienen un problema: que en torno al 90 por ciento de los muertos no eran el objetivo. Todo ello al margen de que no acaba de tener justificación el ataque contra países contra los que no se ha declarado una guerra. Son asesinatos y, encima, de gente que nada tenía que ver con el supuesto conflicto. Y con efectos contrarios a los pretendidamente buscados. The Drone Papers que publica The Intercept, aquí.
Supongo que están en pruebas y nada mejor que hacerlas contra poblaciones "inferiores", no se vaya a repetir lo sucedido con armas anteriores que tuvieron como conejillos de indias a soldados voluntarios o campesinos que nada sabían de lo que estaba pasando. Ahora ya no lo hacen contra los propios estadounidenses. Por lo menos que se sepa.
(Añadido el 18: Le Monde resume en diez puntos los problemas levantados por The Drone Papers sobre estos "assassinats ciblés")

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