viernes, 30 de octubre de 2015

Crimen y confesión

El juicio en Galicia sobre la muerte de Asunta, en el que el jurado acaba de declarar culpables a los padres, me ha traido a la memoria un viejo texto de Umberto Eco (siento no tener la cita a mano) en el que exponía los problemas que tiene la investigación criminal y los comparaba con los que tiene la investigación en general.
Decía Eco que las novelas policíacas (y yo añadiría las series televisivas de ese tipo, de las que soy consumidor casi compulsivo) plantean un paralelismo complicado entre el mundo de la investigación criminalística y el de la realidad, que solo se conectan cuando el acusado confiesa. 
En efecto, y el caso de Asunta encaja en ese planteamiento, las pruebas nunca son totalmente conclusivas. Siempre hay margen para la duda que solo se termina cuando el acusado confiesa. A veces, en las series, no ha habido forma de concluir con certeza que estamos ante el asesino, pero con sutiles añagazas se consigue que el sospechoso pase a ser acusado y reconozca su crimen y ahí suele entrar la escena final.
La realidad, en efecto, se demasiado complicada como para que nuestros mapas sobre ella la reproduzcan completamente, razón por la cual siempre es bueno mantener una duda sobre esos mapas (fenómeno, que diría Kant) que pretenden dar cuenta de la realidad (númeno). Guste o no guste, siempre hay elementos discordantes sobre nuestro mapa. En el caso Asunta, por ejemplo, está el semen encontrado y que pertenece a otra persona ajena a los que ahora el jurado afirma haber sido los culpables de aquella muerte.
Si eso es así para un suceso puntual, con protagonistas fotografiados hasta la saciedad y con informaciones diarias sobre el mismo (incluido el enternecedor "todavía no hay veredicto", es decir, una no-noticia con que las televisiones nos han regalado estos días en las Españas), ¿qué no será para asuntos más complicados en los que no está claro quiénes tienen algo que ver y quiénes quieren mentir y nunca confesarán? 
Un ejemplo también de hoy, tomado de la edición digital para Inglaterra (la hay para los Estados Unidos) de The Guardian. Son dos noticias que van seguidas. 
Una es el aviso de la China a los Estados Unidos a propósito de la tensión entre ambos países en el mar de la China. Podría haber una guerra, dicen. La otra es sobre el caza estadounidense que intercepta un bombardero ruso en el mar del Japón (otra versión con matices respecto a la anterior, aquí). Otra tensión en dicha zona y con los Estados Unidos como protagonista en ambas.
¿Qué es lo que está sucediendo realmente? Se puede pensar que hay movimiento en aquella zona para que no miremos hacia otros sitios o hay sucesos en otros sitios para que no miremos hacia esa zona. Podría llegar a haber un crimen, es decir, algo más que avisos e interceptaciones en un clima de tensión, es decir, enfrentamientos armados que no excluirían a Corea del Norte que también avisa de que no teme a nadie. Nadie confesará.
Nota: pongo el nombre de los respectivos países como una abreviatura de lo que sería poner "goberno de" o "incontrolados de ... que van por cuenta propia con agendas propias". Como hemos visto, no siempre los gobiernos son los criminales que inician una guerra aunque finalmente la declaren: los criminales pueden ser otros que sí están interesados en vender armas para lo cual nada mejor que usar las propias. Estos confesarán todavía menos. Y no hay jurado que valga. Ni eso que dicen de que "la Historia les juzgará". Vistos los problemas de los historiadores en las Españas (catalanes y no-catalanes) en reconocer esa historia, no parece que la Historia sea un buen juez.

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