martes, 22 de septiembre de 2015

Renovables

Greenpeace ha publicado un informe, Energy Revolution 2015. en el que, de cada a la cumbre de París recurre, implícitamente, al esquema de la medicina clínica: diagnóstico, pronóstico, terapia.
El diagnóstico está resumido en los cuatro gráficos de la página 19: anomalías en la temperatura, emisiones antropogénicas de CO2 y demás.
El pronóstico es, evidentemente, grave.
Pero hace una serie de propuestas que podrían revertir esas tendencias para 2050. Se puede llamar (r)evolución.
Mi problema: 1. largo me lo fiáis y 2. salvar a la Humanidad y ganar las próximas elecciones pueden ser objetivos incompatibles. Añado: viendo las últimas campañas electorales y sus correspondientes pre-campañas, el tema está, por no exagerar, muy ausente, por no decir totalmente ausente. Para resolver el dilema del punto 2, me temo que los políticos, de cualquier signo, se inclinan por la segunda de las opciones, dejando la energía y el medioambiente en un discreto segundo plano cuando no dejándolos fuera totalmente de la discusión. Las grandes empresas, cortoplacistas (que se lo digan a la Volkswagen, ver también aquí), añaden leña a ese fuego de mirar hacia otra parte, sean cuales sean los efectos económicos a medio plazo. Ese es mi particular diagnóstico, cuyo pronóstico mantengo reservado. Pero sin diagnóstico no hay terapia.
El problema es planetario y, por tanto, exigiría soluciones a su nivel, es decir, a escala planetaria. Lo habitual, a escala local, es algo como lo que está sucediendo en Bolivia según Eduardo Gudynas: la retórica va por un lado (se incluye la de Obama) y las prácticas observables van por otro. Siempre nos quedará París... no como recuerdo sino como esperanza.

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