domingo, 27 de septiembre de 2015

Arabia democrática

En mi distraído seguimiento de las radios madrileñas es frecuente la crítica al sistema político de determinados países. Sabemos, sí, que el Papa "debería" haber dicho algo sobre los derechos humanos y la democracia en Cuba. Sabemos, sí, que se critica a determinados partidos en España porque defienden al indefendible Maduro y su sistema, "una dictadura al fin y al cabo", dicen (repito, no invento) sobre todo si se tiene en cuenta cómo está tratando a la disidencia (también en Cuba hay que hablar de los disidentes). Y siempre hay alguna referencia (crítica, por supuesto), al "régimen de los ayatolás", es decir, al poco democrático Irán, fundamentalista y todo eso, aunque últimamente las críticas han amainado, sobre todo después del principio de acuerdo con los Estados Unidos.
Hay alguno más, diana de las críticas de estos demócratas de toda la vida. Y tienen razón. Pero me gustaría escucharles decir algo sobre otros países sobre los que se guarda un respetuoso silencio:
Primero, Arabia Saudita. Aquí una larga lista de los pequeños fallos de su democracia, por otro lado inexistente. Sistema político, leyes tomadas de la sharia, prácticas penales extremas, separación entre los propios y los inmigrantes, posición de la mujer y otras menudencias. ¿Qué dicen nuestros tertulianos? Tal vez hayan dicho algo alguna vez, pero yo no lo he oído en mi muestreo de tertulias.
Después, Israel, formalmente democrático pero con el proyecto de convertirse en un Estado Étnico, es decir, un Estado Judío, con mayor exclusión de los no-judíos que viven dentro de sus actuales y crecientes fronteras.
¿Diferencias entre unos y otros? Estados Unidos, naturalmente. Volvemos al dicho de Franklin Delano Roosvelt: "Será un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta". Pero a diferencia de dicha adscripción (se es puta o no se es), los Estados Unidos admiten no tanto grados en ser hijos de puta, sino en el de ser "nuestro" hijo de puta. Si alguien es claramente "nuestro" (dentro de un orden, nadie es totalmente nuestro, como lo muestra Arabia Saudita o Israel), deja, automáticamente, de ser hijo de puta. Si alguien se acerca a ser "nuestro", su hijoputez se reduce, como está pasando con Cuba e Irán. ¿Y Venezuela? De momento, sigue siendo el cuarto proveedor de petróleo a los Estados Unidos. Business is business, así que mantenemos la retórica pública del hijoputismo, para uso de incautos, y seguimos con nuestros negocios... a no ser que los Estados Unidos dejen de necesitar el petróleo venezolano, cosa harto probable. En ese caso, Venezuela entrará en la categoría de malo-malísimo como acabó Gadafi o Sadam Husein, que habían sido amigos de los Estados Unidos antes (y después) de ser unos simples "hijos de puta" ya que habían dejado de ser "nuestros hijos de puta".
La retórica es gratuita. Por ambas partes. Lo que no es gratuito son las 135 guerras, de mayor o menor intensidad, de los Estados Unidos.
(Añadido el 5 de octubre: Notas sobre la condena a decapitación y posterior crucifixión de un manifestante en Arabia Saudí)

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