domingo, 2 de agosto de 2015

Grecia: más para el escepticismo

El comentario de Wallerstein de 1º de agosto plantea el hecho de las dos versiones sobre quién tiene la "culpa" de lo que está sucediendo en Grecia. Cierto que él acaba decantándose por una de las opciones, pero no está tan claro que la realidad se deje separar en dos versiones tan dicotómicas.
Jeffrey Sachs, por su parte, va más allá. Parte de lo que parece ser el "sentido común" (términos míos) en este asunto: que un país no puede vivir por encima de sus posibilidades, que ha de responder a sus deudas y que eso solo puede hacerse reduciendo gastos (incluidos los sociales y los de sus funcionarios), intentando aumentar ingresos (aunque raramente aumentando los impuestos a los muy ricos y a los bancos), reduciendo importaciones, aumentando exportaciones y controlando la inflación. Más o menos es lo que contaba en clase cuando la crisis de la deuda latinoamericana y las "condicionalidades" del FMI. Lo grave de este planteamiento es que, si se quería responder a las deudas, había que pedir nuevos préstamos con lo que los bancos se quedaban tranquilos pero el país veía seguir creciendo la deuda y así hasta romperse. Los que caían en esta trampa
Sachs  opone a este sentido común que ahora esgrimen altos cargos económicos de la eurozona algo de historia, empezando por la alemana de antes y de después de la II Guerra Mundial. Pero también Polonia y algún que otro más.
La conclusión es que esas políticas de austeridad dictadas por el centro pueden funcionar (parece que han funcionado en España, Irlanda, Portugal) y pueden no funcionar. No me queda claro de qué depende que funcionen o no. Para mí, que poco tiene que ver el savoir-faire de los respectivos gobiernos y que, en el caso de Grecia, todo parece indicar que no va a funcionar. Las políticas económicas dictadas desde Bruselas-Frankfurt-Berlín no funcionan automáticamente ni su aplicación es idea de los países periféricos que bastante tienen con aceptar la imposición al tiempo que mantienen la fe (creer en lo que no se ve) de que vayan a funcionar.
No hay, por tanto, "sentido común" (política económica convencional) que valga, ni éxito asegurado a la obediencia. Puede tener éxito o no tenerlo. ¿Por qué? Vaya usted a saber. Y algo debe de saber Sachs que estuvo en los planes de ajuste primero de Bolivia y después de Polonia, en aquellos tiempos.
Se equivocan, dice el economista Sachs, los economistas que ignoran la historia. Pero, por lo visto, lo mismo sucede con los que ignoran la cultura.

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