miércoles, 15 de julio de 2015

El machismo es cosa de dos

El caso explícito de machismo, entendido como ideología, lo escuché en los consejos que, hace años, una abuela dirigía a sus nietos varones sobre cómo tratar con sus futuras parejas. No había violencia, todo sea dicho. Pero sí trucos varios para mantener una posición de predominio y dominación sobre la mujer que la venerable anciana trasladaba, con todo el cariño, a sus nietos y que me asombraban hasta a mí que, en público y en broma, me he declarado “machista leninista”. En aquellos tiempos, y más en determinadas clases sociales, la ideología machista se trasmitía, sobre todo, a través de las mujeres. “Sobre todo” significa que también a través de los varones, receptores interesados de tales consejos muy a su favor. No sé si algo ha cambiado. En cuyo caso qué y mis dudas provienen de dos anécdotas recientes.
La primera fue en el campus de una universidad en la me encontraba unos días y donde un cambio de tiempo me hizo buscar una sudadera para defenderme del fresco de la mañana. Pregunté a la señora del kiosco de prensa (uno tiene sus drogodependencias y necesita su dosis diaria de periódicos impresos) y me dijo que no comprara las de aquella universidad, que eran muy feas. Le contesté, bromeando, que no era eso lo que me preocupaba ya que no pensaba dedicarme al “ligoteo”. La señora me contestó: “Ni se le ocurra. Porque aquí las chicas...” y acompañó la frase llevándose la mano a la frente en gesto que indicaba el poco seso de las estudiantes que por allí transitaban. No creo que fuese un caso de envidia del viejo hacia el joven, que no sé si es más frecuente entre varones o entre mujeres (los varones siempre se creen aptos para la procreación a cualquier edad, incluso si ya necesitan echar mano de la “pastilla azul”). Pero sí era una actitud despectiva hacia las mujeres jóvenes que nada tenían que ver con la realidad de todas las colegas que encontré aquellos días.
La otra anécdota sucedió a pocos días, paseando por el pueblo y saludando a una amiga, de muchos años menos que yo. Por motivos que no hacen al caso, salió en la conversación lo “princesas” que se han puesto las jovencitas, cosa que resulta extraño para el “pobre aliño indumentario” femenino de hace años. No era solo cuestión de que quisiesen “marcar las diferencias” sino el de vestirse con exceso de cuidado y mimo. Discutible. Sobre todo porque también aquí, como en el caso de las mujeres machistas de otros tiempos, es preciso introducir la variable de clase social: no era ni es lo mismo en todas las clases sociales. Pero de ahí, en nuestra charla callejera, pasamos a algo menos discutible: el aumento ahora de violencia por parte de los jovencitos contra sus parejas y el aumento de sumisión por parte de las jovencitas de ahora hacia esos jovencitos (cosa que puede ir acompañada de actitudes más rebeldes de lo habitual hacia los padres). Ni mi amiga ni yo pensábamos, en ningún momento, que dicha sumisión fuese “la” causa de dicha violencia. Pero sí que nos extrañaba que, después de tantos años de luchas feministas, algunas de estas “prinsesas” acaben sometiéndose a los dictados del varoncito de turno que las controlará, les dictará lo que hay que hacer y, sí, podrá llegar, en casos extremos, a la violencia física. Es bastante sintomático que hasta en televisión haya anuncios aconsejando a las jóvenes que sufren esa violencia que corten la relación con los jóvenes que se la practican.
Mi amiga, con sorna, me decía eso de que “tú, como sociólogo, sabrás qué está pasando”. Y le dije la verdad: que no. Haberse dedicado a la sociología no significa que uno tenga respuesta para todo tipo de preguntas, incluso para estas que sí son muy importantes sobre todo por lo “cargadas de futuro” que vienen. La alternativa, cuando no se tienen respuestas, es hacer alguna chanza, que siempre será bien recibida por los que no quieren complicarse la vida. Pero si no se tienen tales respuestas y no se sabe qué ha producido este retroceso, lo menos que puede hacer el plumífero de turno, el arribafirmante ahora, es levantar acta del hecho. Como “notario social” doy fe de que el machismo no es solo cuestión de los varones, más o menos “machos”, sino que ha sido y es en muchos casos también cuestión de las mujeres que lo trasmiten, lo reproducen, lo toleran o lo sufren en silencio.
)Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

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