miércoles, 22 de julio de 2015

Corrupción: la otra cara

Es evidente que la corrupción, como el tango, es cosa de dos. Hace falta un corruptor y un corrompido aunque a veces, como en el amor, no quede muy claro quién toma la iniciativa y quién decide finalmente, piensen lo que piensen los "varones conquistadores" o piensen lo que piensen los que creen que es cosa de políticos y que “todos son iguales”. Tengo el caso de un amigo empresario al que se le ofreció una importante contrata, eso sí, "pagando", y la rechazó por considerarla ilegal, ilegítima o inmoral, que eso ya no lo recuerdo, aunque sus profundas convicciones católicas me hacen pensar que se trata del tercero de los argumentos. Pero también tengo el caso de miembros de un ayuntamiento que pidieron (y obtuvieron) cifras sustanciosas cada uno por adjudicar otra contrata. Cosa de dos, pues, y, como en el caso de los políticos, sin que sea cierto, sino todo lo contrario, eso de que "todos son iguales". Porque conozco políticos que rechazaron, por lo que fuese, las ofertas del corruptor.
Lo curioso es que, generalmente, solo se hable de una de las partes y no creo que sea porque los empresarios corruptores son anunciantes (también anuncian los políticos) y el que paga manda o, más probablemente, porque sean accionistas del medio en el que está prohibido tratar determinados temas espinosos (práctica no impensable, según pude constatar hace ya tiempo). Si nos reducimos a la provincia de Alicante, parece que hay decenas de políticos corruptos mientras que no deben de pasar la media docena los corruptores aunque alguno salga con frecuencia en los medios. Seguro que hay más.
En este contexto, me interesó el suelto que se publicaba en  INFORMACION el pasado 15 de mayo sobre el tema. Se basaba en una encuesta llevada a cabo por EY (antigua Ernst&Young) a una muestra de 5.000 personas. En ella veníamos a saber los altos porcentajes de empresarios que justificaban el soborno como proceder habitual "si con ello se consigue generar beneficios más rápidamente". La lógica del beneficio, evidentemente, que eso es, guste o no, el capitalismo realmente existente incluso para los partidos comunistas y países pseudo-comunistas. Regalos, viajes y ocio y sobres con metálico eran los medios habituales para los que cualquier lector del periódico habrá encontrado ejemplos en su lectura habitual. La investigación encontraba, además, que el 61 por ciento de los encuestados en economías en rápido crecimiento creían que la corrupción y el soborno estaban ampliamente difundidos en sus respectivas sociedades.
 Pero la encuesta era internacional y no trataba de los “sospechosos habituales” alicantinos. Así que me he puesto a buscar otros trabajos parecidos para ver ese otro lado de la corrupción, el del corruptor, que no se reduce, como hay quien podría pensar, a un solo nombre y en un solo lugar.
Un estudio de PwC para 2014 se refería a España y allí un 24 por ciento de los empresarios encuestados reconocían haber estado involucrados en un soborno o haber conocido casos de tal, porcentaje prácticamente inalterado desde 2011. Dicho porcentaje no difería mucho del obtenido por encuestas semejantes a escala mundial. Por lo que a opinión se refiere, el 95 por ciento de los encuestados españoles aseguraba que la corrupción es un problema muy extendido en las instituciones locales y regionales (vienen a pensar lo que los encuestados no-empresarios). Para hacerse una idea, la media de los encuestados en la Unión Europea era del 77 por ciento, que tampoco es cifra despreciable como para que se siga hablando casi únicamente de una parte de los del tango (Paréntesis: solo tertulianos desinformados pueden decir eso de “esto en el extranjero no pasa”).
Finalmente, la OCDE publicaba, para 2014, los resultados de un análisis de 427 casos denunciados con algunos de ellos ya sentenciados. Dos asuntos me llamaban la atención. Primero, que no es cierto que la corrupción sea propia de países considerados “pobres”. De hecho, la mitad de los analizados por el informe de la OCDE se referían a países con alto o muy alto índice de desarrollo humano. El segundo asunto se refería a los sectores en los que el soborno y la corrupción eran más frecuentes: dos tercios de los casos analizados se habían producido en el sector extractivo (19 por ciento), la construcción, sí, sí, la construcción (15 por ciento), trasporte y almacenamiento (15 por ciento) y comunicación e información (10 por ciento).
Insisto: la corrupción, como el tango, es cosa de dos. No vale hablar solo de uno de los danzantes.
.(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

Fuentes:
1. sobre fraude económico 2014 de PwC
Para Expaña
General

2. informe 2015 EY sobre el fraude y la corrupción

3. Informe de la OCDE sobre la corrupción
http://www.oecd.org/corruption/

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