miércoles, 10 de junio de 2015

Singapur

Apareció en dos contextos. En uno, se supo que uno de los clanes mafiosos que han esquilmado el erario público estos años, llevaban el resultado de sus robos precisamente a Singapur. Tuve que recordar el libro de Jean Ziegler, “Una Suiza por encima de toda sospecha”. Porque el hecho es que aquellos arrebatacapas también ponían a buen recaudo sus comisiones (3%, 5%  etcétera) en el igualmente puerto discreto de Suiza, puerto en donde acaban por recalar estos barcos piratas.
El otro contexto en el que apareció la ciudad-estado fue un artículo, en prensa madrileña, en el que se ensalzaban las virtudes de tal lugar aunque con un extraño tufillo: leído con mala intención, no era fácil sustraerse a la impresión de que el autor quería demostrar, mediante ese ejemplo, que para el crecimiento económico la democracia puede llegar a ser incluso un obstáculo. Si yo lo entendí bien, la tesis subyacente era que si algo demostraba Singapur era que se podía tener una economía boyante bajo un sistema no exactamente democrático. Y que lo primero era lo importante.
Prescindo de lo sospechoso que resulta argumentar con un solo ejemplo y añado, a lo que, necesariamente, incluía el artículo, lo que algunos colegas de allí me han comentado sobre los excesos policiales que van desde castigar a quien tire una colilla al suelo a obligar a cortarse el pelo al joven que quiere llevarlo largo, pasando por las visitas policiales a padres de estudiantes que no cumplían determinadas normas o ¡tenían sobrepeso! Dejémoslo en peculiaridades locales y vayamos a lo que se puede saber comparando con otros países.
Si se trata de crecimiento económico (el del PIB), el último dato del Banco Mundial que he encontrado para Singapur es de un 3,9 que ya lo quisiera para sí el Reino de España. La China, 7,7 y el Congo 8,5. Valgan como contraejemplos. Pero, pero... la tasa era positiva, sí,  pero con un ritmo claramente decreciente según esta fuente: desacelerados desde el 15 por ciento que tuvieron en 2010, aunque, eso sí, no tanto como España.
Tanto los que quieren defender su postura con ese indicador, el PIB, como los que quieren atacar la del contrario, suelen olvidar las debilidades del mismo al no considerar el trabajo doméstico, tener extrañas reacciones ante una guerra o no poder, por definición, “medir” el dinero en negro. Pero es lo que hay. Existen, sin embargo, algunos indicadores que reflejan mucho mejor la evolución de un país. Por ejemplo, la mortalidad infantil en los primeros años de existencia que eso sí muestra cómo está funcionando una sociedad.
Ahí también destaca Singapur, aunque los datos de la ONU y de la OMS no siempre coinciden. La tasa de mortalidad de menores de un año (por 1.000 nacidos vivos) giraba en torno al 1 por 1.000 (España, algo más del 2) según unas fuentes y de algo más del 2 (España, casi el 4) según otras. Comprendo que no es fácil “medir” un asunto así (más complicado es lo del PIB y nadie se rasga las vestiduras). Pero lo que resulta fuera de discusión es la impresionante disminución de tal tasa para Singapur que, en 1955 rondaba los 60 por 1.000 si se la compara con la de España (63 en 1955 y casi 4 ahora como ya he dicho). Si es por rangos, Singapur ocupa el primer puesto en lo que a este indicador se refiere mientras que España ocupa el puesto 13, que no está nada mal, pero que queda a distancia de Singapur.
Claro, se dirá, van bien porque allí van dineros (más o menos “negros”) desde otros países. Sus dineros tienen que ver también con lo producido fuera. Así, cualquiera va bien. Completemos entonces el cuadro.
Primero, con lo positivo como es la felicidad expresada por sus habitantes, directamente o a través de otros indicadores. Para lo que nos ocupa, Singapur es el 24 país más feliz del mundo (entre Venezuela y Panamá), muy por encima de las Españas (puesto 36).
Mi pregunta es cómo compaginar esos magníficos datos con, por otro lado, el hecho de que sea el trigésimo país más desigual (en términos de renta) del mundo, entre Bolivia y Malaysia. España el 96, detrás de Polonia. Y de esta fuente me fío más que de las otras: la CIA.
¿Crecen mucho, aunque perdiendo fuelle, con mucha desigualdad y, encima, son felices? Curioso. ¿Qué tiene que ver todo esto con el “España va bien” o el “España va mal”? Nada. Absolutamente nada.
(Publicado hoy, sin los enlaces, en el diario Información -Alicante-)

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