jueves, 4 de junio de 2015

Países competitivos

Sigue siendo frecuente el argumento sobre la competitividad de los países. Es un sinsentido. La competitividad se establece entre productos por su calidad, su precio, su disponibilidad, el monopolio o por modas, y los productos son cosas de las empresas, privadas en su mayoría, aunque también las haya públicas. El argumento de la competitividad de los países significa que sus gobiernos ponen en práctica políticas para que sus empresas sean competitivas, por ejemplo, con políticas de empleo o salariales para reducir el precio final del producto y mantener el beneficio de la empresa. También pueden hacerlo fomentando la investigación sea pública o privada para mejorar la calidad o innovar el producto. Los laboratorios y, en concreto, las universidades son un buen camino (obvio: si la política consiste en destrozar las universidades, esta "competitividad" puede verse alterada).
Hay más medios. Por ejemplo, y para los países con capacidad disuasoria suficiente, obligando a otros países a que compren los productos de aquellos países aunque los de estos, con menos poder, sean mejores en calidad, precio, servicio, innovación etc. Pero el que manda manda. Y el que impone cuotas o aranceles mientras obliga a los demás a que no los apliquen, consigue una mayor competitividad (so to speak) para los productos de sus empresas.
¿Se ha dado cuenta del truco de todo lo que antecede? Que los países (es decir, sus gobiernos) pueden hacer unas políticas u otras, a favor de unos o de otros, pero que la competitividad es de las empresas, muchas de ellas multinacionales. Si los pantalones se hacen en Pakistán y los zapatos en España y se venden en el Ecuador, no acaba de estar claro qué significa que cualquiera de los tres países citados sean "competitivos". Claro, los altos directivos procurarán (con corruptelas o sin ellas) que los respectivos países apliquen las políticas que hagan que el producto de dicha empresa multinacional sea competitivo, sin por ello hacer competitivo al país. El futuro es de las empresas, parece. No de los gobiernos.

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