miércoles, 3 de junio de 2015

Mecanismos de defensa

¿Qué tienen en común la Grecia de Syriza, la Escocia del Partido Nacionalista Escocés y la Cataluña de CiU-ERC que no tiene la Inglaterra de Cameron? Paul Collier tiene su respuesta aunque no incluye a Cataluña, que eso es de mi cosecha. Veamos.
Las personas generan sentimientos de identidad a partir de objetos muy diversos. Por poner casos variados, ese objeto de identificación puede ser un equipo de fútbol con sus hooligans, un partido político con sus células o un pueblo-nación-Estado con sus símbolos. Todos ellos son casos de "identidad compartida", que no "colectiva", que se refuerza, en particular, cuando se siente amenazada desde fuera, o desde dentro por quintacolumnistas.
Esa amenaza externa a la identidad compartida genera diversas reacciones muy parecidas a los mecanismos de defensa que el psicoanálisis enumeró para los momentos en los que la identidad personal se ve en peligro.
Está, por supuesto, el síndrome de Estocolmo, mecanismo con el que el atacado se identifica con el atacante. Sucede desde las clases sociales (los de abajo imitan a los de arriba, que son los que, según Warren Buffet, nada sospechoso de marxismo, llevan a cabo la lucha de clases "desde arriba", la realmente existente) y sucede con los colectivos pueblo-nación-Estado cuando una potencia hegemónica les impone desde formas de ver las cosas a prácticas que favorecen a dicha potencia contra los intereses del país sometido. Collier habla de África, pero se podría hablar también de América Latina (Asia, a lo que parece, tiene otra lógica -no existen las "ciencias sociales" universales-). En otros tiempos, a este proceso se llamaba "autocolonización" y era propio de las élites de los países sometidos, cosa que ya sucedía con las invasiones en América Latina y las "hispanizaciones" de las élites locales.
Pero junto a este mecanismo hay uno particularmente importante para los casos que he planteado al principio: el del rechazo. La Grecia de Syriza y la Escocia del PNE reaccionan contra la hegemonía, respectivamente, de Bruselas y de Londres con exaltaciones de lo propio y rechazo de lo que viene de "arriba" socialmente hablando. Tal vez si Madrid no hubiera sido tan cerril en su intento (fallido) de hegemonía, las cosas habrían ido en otra dirección, cosa que Inglaterra no tiene por qué hacer: es la hegemónica y, a escala mundial, se encuentra en esa "special relationship" con los Estados Unidos con lo que puede plantearse con otros modos la salida de la Unión Europea.
Supongo que, llegado aquí, se ha dado cuenta del fallo de esta argumentación que los independentistas aceptarán en su mayoría. Se trata de los verdaderos sujetos del verbo: no son pueblos-naciones-Estados, sino grupos sociales y políticos los que lleva a cabo la exaltación de la propia identidad frente al hegemónico externo. Son partidos políticos que, en algún caso, responden a intereses de otros grupos (financieros, empresariales, clasistas) o, en otros, consiguen una emancipación ante los mismos haciendo falso lo  del Manifiesto según el cual "el gobierno es el consejo de administración de los burgueses". Plantean como sentimiento lo que en ellos es cálculo racional-electoral.
Evidente, no todos los griegos apoyan a Syriza (parece que dicho apoyo está  reduciéndose), ni todos los escoceses al PNE (el sistema electoral mayoritario deja fuera a muchos) ni todos los catalanes a CiU-ERC (cuyos apoyos también parece que son menguantes, aunque tan importantes como el de los otros dos).
Hay, de todas manera, otros mecanismos de defensa de la propia identidad, sean o no manipulados por élites que hablan en nombre de todo el pueblo-nación-Estado. Por ejemplo, el desplazamiento: el problema está aquí, pero la élite política, social o cultural (y sus combinaciones) hace que porciones importantes de la población crean que el problema es otro, por ejemplo, el "imperio" y, cuando ese argumento deja de ser útil, "Rajoy". Evidentemente, estoy refiriéndome al caso del presidente venezolano Maduro y sus trucos.
La racionalización es también un buen método de afrontar el problema de la identidad en peligro y puede hacerse de muchas maneras: inventándose nuevos objetos (panem et circenses, como bien sabía Franco), elaborando complejas teorías sobre la relación con el hegemónico (incluyendo profecías sobre su desaparición) y hasta mucho más complejas disquisiciones sobre la identidad misma.
No se puede negar la importancia de las identidades compartidas y los modos de gestionar sus problemas. Pero mejor añadir, de inmediato, otros ingredientes que hace que la cuestión de la identidad y los sentimientos que genera pasen a un segundo plano y caiga la hoja de parra que oculta algunas vergüenzas.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

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