miércoles, 24 de junio de 2015

Entre la indignación y la esperanza

Habrá quien no recuerde lo que fueron manifestaciones masivas en nuestro entorno. O porque la memoria es muy selectiva o porque no habían nacido o porque prefieren no recordar, pero ha habido, en los tiempos recientes, cinco grandes manifestaciones, algunas de las cuales en común con otros países y otras con reconocido impacto en los medios de fuera del país. Mucha gente se echó a la calle aunque no vendrá mal recordar que “manifestación masiva” no significa necesariamente “manifestación mayoritaria”. Ninguna lo fue, no nos engañemos.
Se puede empezar (y después explico por qué comienzo aquí) por la manifestación del "Nunca mais" (2002), el rechazo frontal a un accidente a todas luces evitable y cuya gestión informativa por parte del gobierno de entonces hizo irritar todavía más a los ya irritados por el chapapote. La imagen de aquella recogida seguro que el lector la recuerda si tiene la edad apropiada.
Estuvo, después, el "No a la guerra" (2003), compartida (la manifestación) por numerosas personas en todo el mundo y cuyos ecos llegaron hasta el sector del cine español y sus premios. Se trataba de expresar, en ambos casos, la rabia que producía ver cómo se iba a invadir un país, Irak, con argumentos que entonces muchos suponían falsos y que la historia posterior ha demostrado que, efectivamente, eran archi-mentiras que ocultaban intereses inconfesables. Tal vez haya sido la manifestación con más participantes a escala mundial. Los efectos son conocidos: el PP ganó las elecciones municipales inmediatas y el cuarteto de las Azores se salió con la suya aunque probablemente el 95 por ciento de la opinión pública mundial estuviese en contra. Pero, ¿a quién le importa la opinión pública?
La manifestación después del 11-M, lo de Atocha (2004), tuvo también sus elementos curiosos. Por supuesto, sigue habiendo quien piensa que fue ETA tal y como se trasmitió desde el gobierno a las embajadas españolas en todo el mundo. Después parece que fueron yihadistas que merecieron un repudio relativo. Relativo porque las versiones oficiales no coincidían. Pero sí parece que la pésima gestión comunicativa por parte del PP estuvo detrás del efímero triunfo de Zapatero (atribuirlo solo a la mala gestión comunicativa del PP parece exagerado, pero sí es presumible que tuviese algo que ver y no tanto las fantasiosas teorías de la conspiración que todavía colean de vez en cuando).
Finalmente, tenemos el 15-M (2011) y su posterior "Rodea el Congreso" de 2012, con una aparente reducción del activismo si se exceptúan las Marchas de la Dignidad (22-M, 2014 y 2015) con efectos claramente discutibles. Lo de la aparente reducción constatada ha sido explicado, en parte, por la aparición de partidos políticos que canalizaron la indignación.
He comenzado mi lista por el caso gallego porque me parece que es el primero en el que la autoconvocatoria a través de internet empieza a tener su importancia. Indignados de diverso tipo, críticos con lo que está sucediendo, indignados por los efectos de las malas políticas, airados por casos de acción-reacción (sin llegar a la policía estadounidense matando negros) comienzan a indicar un cambio en el consenso social y el cambio institucional que se está consolidando.
Preguntas: Los internautas ¿tienen mayores tasas de abstención electoral que el resto? Parece que sí ¿Tienen el doble de asociacionismo que el resto? Sin duda ¿Consiguen superar el hecho de que 8 de cada 10 ciudadanos obtiene su información política a través de la televisión únicamente? Ni remotamente: están en franca minoría ¿Confundimos el ciberactivismo con el clickactivismo, los que usan la red para llevar acciones en el mundo real y los que creen que haciendo click en el punto apropiado ya están cambiando el mundo? A veces: el activismo a través de la red no es lo mismo que un simple click en la página de los activistas.
Sí me parece claro que las sucesivas olas de indignación se han ido consolidando pero no para quedarse sino para, de alguna forma, dar paso a la esperanza. Si están en lo cierto o no, el tiempo lo dirá. Ya hay indicios en la dirección contraria. De hecho, podría suceder como ya pasó con los hippies de los años 60, aquel movimiento pacifista, contracultural y libertario que fue progresivamente incorporado al sistema que detestaban del mismo modo que la ameba emite pseudópodos para hacer propio un cuerpo extraño. Indignación, esperanza y vuelta a empezar son tres posibilidades. Pero igual esta vez la cosa cambia. Nadie puede saberlo y menos si confunde sus deseos con la realidad, cosa frecuente.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

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