sábado, 6 de junio de 2015

EI, ¿cuál es la verdad? (periodística, por supuesto)

En un post anterior sobre el tema recogía las dudas de algunos periodistas sobre lo que se estaba diciendo sobre el Estado Islámico y su posible acceso a las armas nucleares. Allí, y bajo  un escéptico "Todo es posible" hay un enlace a un artículo del Newsweek insinuando que Assad y el EI están en connivencia a pesar de estar enfrentados en una guerra que parece civil (sin olvidar el origen y apoyos iniciales del tal EI). 
Ahora es  el New York Times el que insiste en lo mismo y hay quien propone una interpretación curiosa: lo que hay que preguntarse no es sobre los hechos; si son reales o no, eso no importa; lo que importa es la utilidad que tienen estas noticias que no es otra, dicen, que justificar una intervención estadounidense a gran escala para, primero, pacificar mediante la guerra (rara avis) y, sobre todo, para justificar un "cambio de régimen" quitando a Assad de en medio aun a costa de entregar Siria al EI. ¿Razones? Pregúnteselas al gobierno de Israel.
Tal vez yo no tome partido con facilidad. Me resulta inevitable aunque procure evitarlo. Y es que "amigo de Platón, pero más amigo de la verdad". Y cuando la "verdad" viene confundida y evidentemente manipulada, la mejor opción es la suspensión temporal del juicio, en la esperanza de que alguna vez se conozcan los hechos y se pueda tomar partido y más en asuntos en los que, distintos y distantes, uno no tiene la más mínima capacidad de intervenir. 
No fue así en el caso de la guerra contra Irak. Allí éramos muchos los que sabíamos que nuestros amados líderes (empezando por el cuarteto, que no trío, de las Azores) mentían y el tiempo nos lo ha confirmado.  Hice lo que estaba a mi alcance (por ejemplo, volví a escribir en el periódico local -no es mucho, pero lo mejor es enemigo de lo bueno, como he vuelto a saber estos días-)
En el caso Assad-EI-Al Qaeda y demás, me resulta imposible aplicar la otra regla: ponerme del lado del perdedor o del débil. No sé quién es quién. Sí sé que el gobierno de Israel estaría encantado de que desapareciese el gobierno actual de Siria, no sé si al precio de que el Califato se asentase. Pero eso no es saber mucho. Lo que sí sé es que los muertos no resucitan y el dolor de los que han sufrido tales pérdidas tarda mucho en restañarse.

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