viernes, 15 de mayo de 2015

Populismo es cosa mala

"Populismo", en ciertos contextos, es como "progre" o "progre trasnochado" en otros o "facha" en el de más allá: un insulto para iniciados que no necesita ulteriores definiciones pero que, si las propone, no encajan con las definiciones del que tienen al lado. Su uso indiscriminado en medios de comuniación de referencia también permite alguna que otra caricatura de su uso interesado. No me interesan las definiciones de los académicos (como es el caso de Laclau) sino el uso que se hace en los medios.
Pascual Serrano ya encontraba dificultades para saber a qué y quiénes se referían los que usaban tal palabreja:
los socialistas rusos, los ultaderechistas holandeses, los escritores críticos con la Iglesia, el gobierno indígena boliviano, pero también el xenófobo europeo que odia a los inmigrantes indígenas latinos. Y por supuesto Chávez, ese lo tiene todo: es socialista, ultraderechista, xenófobo contra los latinoamericanos aunque le acusan de perseguir a las empresas e inversores españoles en Venezuela, y xenófobo contra los musulmanes, pero apoya, dicen, a los fundamentalistas islámicos de Hezboláh.
Según cuentan aquí, y partiendo de Zizek, el populismo sería
una práctica política que pretende establecer una relación directa entre el pueblo y el Gobierno, deslegitimando cualquier estructura de representación que medie entre los intereses de uno y otro.
Es algo mejor que lo anterior porque, al ser general, uno puede ver a quiénes se aplica y a quiénes no.
Francesc de Carreras elabora algo más, poniendo el dedo en alguna llaga sensible (subrayado mío):
¿Hay alguna semejanza entre el populismo de los narodniquis rusos del siglo XIX con el fascismo y el nazismo, del anarquismo con el peronismo, del jacobinismo con el nacionalismo, de Pablo Iglesias con Artur Mas? Sin duda la hay, a pesar de tener contenidos tan diferenciados. Lo común a todo populismo no es una ideología substancial —derechas o izquierdas, por ejemplo— sino una estrategia para acceder y conservar el poder, lo cual le permite cobijar ideologías muy distintas, siempre que coincidan en que la causa de todos los males es una y sólo una, sea el zar o el rey, la propiedad, la religión, la oligarquía financiera, las élites políticas o la opresión nacional. Siempre debe ser una causa simple,
(para los pocos duchos en la historia ideológica de la Rusia del siglo XIX, la pelea fue entre narodniki (de narod, pueblo, es decir, populistas, también llamados eslavófilos) y zapadniki (internacionalistas o, por lo menos, occidentalistas))
  
Ya sabemos, pues, que el populismo es cosa mala aunque no acabo de sabe a qué se refiere cada cual cuando usa tal palabreja y menos si se hace en el contexto de una tediosa campaña electoral como la actual española en la que no se sabe exactamente qué se está eligiendo, si el gobierno central y sus macropolíticas o los gobiernos locales y sus micropolíticas.
Se puede aplicar, en las Españas, a los nacionalistas catalanes, a Podemos, a las últimas propuestas del Partido Popular (defensor de los obreros, partido social, preocupado por los más débiles, luchadores contra la desigualdad etc.) y, para mi asombro, a ciertas corrientes del Partido Demócrata en los Estados Unidos. Su agenda sería la siguiente:
1. Public Investment to Create Jobs (nada de rebajar todavía más los salarios como propone la patronal CEOE en España por boca de su presidente Rosell, aunque, ahora, para tranquilizar a sus levantiscas bases hable de ser más flexibles).
2. Progressive Tax Reform
3. Predistribution que implica el "mpoderamiento" de los trabajadores, revisar el salario mínimo y cosas parecidas que horrorizarían a las patronales españolas.
4. Trade and Wall Street, contra las politicas comerciales actuales (Obama pertenece al Partido Demócrata, no se olvide) y contra el excesivo poder de Wall Street.
3. The Basics in Education, inversión pública en educación, gratuita en los niveles primeros y revisando el coste posterior.
6. Expand Shared Security, universal y pública.
La Populist 2015 Platform va, ciertamente, mucho más allá con elementos "verdes" y "anti-racistas" y una defensa de la democracia frente al "big money" (recuérdese lo citado  aquí sobre el apoyo a Clinton por parte de algunos grandes bancos). Pero tiene elementos en común.
Conclusiones: 
1. Sigo sin saber qué diablos es eso de populismo cuando ya no solo es un insulto contra los contrarios sino que hay quien adopta tal etiqueta para sus propuestas.
2. Sí veo las enormes diferencias, en el caso español, entre las propuestas neoliberales de la CEOE o del Círculo de Emprsarios, las del Partido Popular y las de Podemos, con todas las reticencias que merece cada una de ellas, sea porque se trata de grupos de presión, sea porque no encajan con lo llevado a cabo anteriormente por el partido, sea porque prometer es gratis cuando no es eso lo que se está discutiendo en las políticas locales.
3. Luego, en contra del título de este post, el populismo no es cosa mala sino un concepto vaporoso que, antes de usarse, ha de ser definido cuidadosamente, separándolo de las definiciones que hacen otros y que resultan contrarias con la propia. Un concepto que no genera muchos consensos es un concepto inútil: funciona como el TAT, el test de percepción temática, o las manchas de tinta de Rorschach en las que cada uno proyecta sus propios prejuicios o pre-conceptos.

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