lunes, 25 de mayo de 2015

Opciones electorales

Cuando los políticos se meten en la política económica vienen, cuando se trata de democracia, en dos versiones extremas. Lo de democracia no es irrelevante: lo que viene a continuación no se aplica a Corea del Norte (se hace lo que la clique dirigente quiere), a países en proceso de "des-democratización" (como Venezuela, donde toda la política parece reducirse a "la culpa la tiene alguien de fuera -burguesía, USA, Rajoy etc.-) o a lo que fueron países de planificación central (mis amigos disidentes de aquellos tiempos decían que el futuro era de triunfo del comunismo, pero que dejarían dos países capitalistas para poder saber lo que valían realmente las cosas -extraña confusión entre precio y valor, pero no voy a entrar en ese jardín). Volvamos a la democracia.
1. Por un lado, están los que proclaman que para reducir el desempleo (e incrementar el número de electores contentos) lo que hay que hacer es apoyar a las empresas para que creen empleo. Los medios son conocidos: una reforma laboral que haga fácil el despido (así los empresarios contratan con más tranquilidad, que es un bien impagable), una reducción del salario mínimo (así el precio final es competitivo -otra cosa es qué se haga con el salario máximo de los dirigentes, pero ese es otro jardín), un apoyo a los "emprendedores" (es decir, a los que van a trabajar en las empresas sin tener una relación contractual con las mismas y con problemas adicionales posteriores en lo que a pensión y desempleo se refiere). Es apoyo a las grandes empresas aunque el empleo se cree, sobre todo, en las pequeñas y medianas empresas, asunto que no se tiene en cuenta. En coherencia, la financiación del estado se gestionará reduciendo gastos: congelar salarios a los funcionarios, reducir funcionarios (aunque aumente el desempleo, pero nadie es perfecto) y, en consecuencia, reducir los servicios públicos. Ya puestos, y visto que es preciso capital como factor de producción y de gestión gubernamental, el Banco Central Europeo prestará a los bancos nacionales a intereses bajísimos para que estos presten a los estados y empresas a intereses altísimos, con la más que evidente secuela de suculentos beneficios para los bancos. Los otros factores de producción (materia prima y gestión no afectan a la política económica de estos sabios: la primera, porque producto, precio y promoción quedan fuera del país o plaza, y la segunda porque cada vez más están en manos privadas, por lo que el gobierno tiene poco que decir a fuer de liberal).
2. La opuesta es tan de sentido común como la anterior y tiene detrás la misma cantidad de investigación en centros académicos y privados en los que los economistas hacen esos modelos que se pueden extrapolar y ver "qué sucedería si...", pero que difícilmente se extrapolan hacia el pasado para ver cuándo empezó todo y cómo y por qué. No digo que no se dediquen a la historia, sino que usen sus modelos temporales en las dos direcciones posibles. A lo que voy: el empleo, dicen estos, se crea aumentando la capacidad de compra de los ciudadanos que pedirán más y más productos a las empresas que, entonces, aumentarán su producción aumentando, entre otros, el factor de producción "empleo". Si, encima, el salario mínimo se eleva discretamente y sin mermar en exceso los salarios máximos, habrá mayor demanda que, si los bancos reconocen que ganarán más si prestan más aunque sea a menos interés que si prestan poco a mucho interés, pues habrá ingresos para los bancos que, así, podrán, junto a un Banco de Frankfurt algo menos indecente, financiar empresas y gobiernos. Estos podrán descongelar salarios de funcionarios y hasta aumentar su número, con lo que, de nuevo, habrá más demanda que hará que haya más producción que hará que haya más empleo que hará que haya más demanda. Queda, eso sí, la cuestión de las materias primas que el gobierno no controla (aunque algunas empresas sí -la tentación de desprivatizarlas, es decir, de nacionalizarlas, es grande-) y la cuestión de la gestión que puede hacerse desde las maltrechas universidades públicas ahora recuperadas de la larga noche a la que han sido sometidas y, encima, diciendo que era por culpa de ellas.
La más fácil de llevar a cabo es la primera. Tiene la ola a su favor. Pero estos dichosos ciclos Kondratiev son como la "donna è mobile, qual piuma al vento". Si no hemos llegado a un fondo del que ya no se puede salir (por cuestiones medioambientales, por ejemplo), una recuperación del ciclo (con nuevas tecnologías como motor de esta fase) podría devolver la segunda a ser tan de moda entonces (ya lo fueron en el ciclo ascendente anterior) como ahora son de moda las del tipo 1. Porque, nos guste o no, también en esto es cuestión de modas, como en el vestido y por los mismos motivos: mantener los beneficios. No los míos, ciertamente, sino de una parte de los de siempre. No de todos, ya que hay destrucción creativa, pero sí de algunos actores estables en esta escena internacional. Pero insisto que las opciones 1 y 2, al margen de la ingente cantidad de investigación que las soporta y que permite hacer carrera académica defendiendo la apropiada en el departamento universitario apropiado, se acaba eligiendo como se elije el largo de la falda o el ancho del pantalón: porque es lo que ahora se lleva. 

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