lunes, 11 de mayo de 2015

Linchamientos incruentos

El uso y abuso del insulto y la difamación por internet comienza a ser objeto de reflexión. Y se produce tanto contra unos  como contra otros y en contextos de la vida privada como de la vida laboral. Y se dan temas, como el de Venezuela, que no se sabe quién insulta a quién exactamente (ejemplo aquí)
En realidad, como comportamiento no es novedad. Lo que es novedad es el instrumento (internet en general). Porque los medios convencionales también lo practican: aquí un caso, en los Estados Unidos, de linchamiento mediático de un académico que osó, en el tema de Ucrania, apartarse de lo "políticamente correcto".
El problema reside en quién define lo que es correcto. Cuando hay una "línea oficial del Partido", la definición es clara: es incorrecto lo que se aparta de tal definición. Pero lo mismo sucede cuando hay una "línea oficiosa del establishment", como ya se detectó en Guardianes de la libertad, el reeditado libro de Chomsky y Herman.
El caso estadounidense que cito trata de quien se ha apartado del "consenso social" respecto a qué sucede en Ucrania, qué tiene que ver Putin y qué aspectos NO hay que tratar al respecto (el fascismo en Kiev por ejemplo). No hace falta que sea una "línea oficiosa" establecida consciente y voluntariamente. Basta con que se produzca lo que el artículo que cito llama "group think" o "pensamiento de grupo", esas dinámicas en las que el grupo genera consensos a través de mecanismos de conformidad, es decir, de pensamiento "correcto", se adecue a la realidad o no.
Pero no todo es poder en estos linchamientos. Puede darse (y se da) un fenómeno diferente: el hecho de que la frustración individual genere agresividad y esta agresividad se proyecte sobre una persona, comportamiento o idea, ofreciendo entonces a otros igualmente frustrados un objeto sobre el que descargar la propia agresividad.
Por supuesto, lo de "políticamente correcto" es una etiqueta que se suele colocar, de manera despectiva, sobre lo que a uno no le gusta. Suele aparecer, por ejemplo, en planteamientos de tipo conservador dirigidos contra los que llaman "progres" o "progres trasnochados" que son los que practican lo "políticamente correcto" y no hablan de lo que uno "sabe" que es lo realmente correcto, es decir, que no eligen, entre la infinitud de asuntos sobre los que hablar, exactamente los asuntos que el "anti-políticamente-correcto" sabe que son los "correctos" y que, por tanto, son los que se deberían tratar.
Lo siento, pero tan ilegítimo es ese etiquetado como el no darse cuenta de que se está emitiendo desde una "corrección" diferente. Por suerte para las sociedades todavía pluralistas, en las que no se da el control absoluto del Partido o del establishment, cada grupo (y su "groupthink") genera sus propios linchamientos de los "políticamente correctos" ajenos. Cuando se trata de medios de comunicación "militantes" (es decir, no-pluralistas, como puede ser la Radio Liberty que se cita a propósito del prof. Cohen), producen su propio "groupthink" y genera sus propios linchamientos de "progres", "carcas", "fachas", "feministas de salón", "sicofantes" y demás lindezas aderezadas de insultos y calumnias.
Se trata, pues, de un mundo muy heterogéneo en el que el poder (el de los "guardianes de la libertad" incluido), la frustración individual y el pensamiento de grupo se mezclan en proporciones cambiantes en cada caso, pero que, a mí personalmente, no me sirven de mucho. Prefiero intentar explicar lo que sucede antes que dedicarme a decir a los demás lo que tendrían que hacer para ser "correctos". Insultarme, sí que me han insultado, pero no doy el nivel como para ser objeto de un linchamiento de esos.
(Añadido el 13: Aquí un reportaje sobre las prácticas estigmatizantes en el Ecuador por parte de la "línea oficial de partido". Como está publicado en el Ecuador, se muestra que dicha "línea" no es omnipotente, pero sí potente)

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