jueves, 7 de mayo de 2015

El juego electoral

No tiene mucho sentido decir "jaque al rey" cuando se está jugando al póker. Cada juego tiene sus reglas. Las elecciones, desde este punto de vista, son comparables a un juego: tienen sus reglas, mezcla, en este caso, de póker y de ajedrez. De póker porque lo que los demás piensen (en este caso, el electorado) puede influir, e influye, en lo que hacen. Un farol del partido puede ser una "profecía que se autorrealiza". Pero también es ajedrez: estrategia, movimientos en función de ulteriores movimientos y reglas fijas que no es fácil evitar (un alfil no puede pasar por encima de un peón; un caballo, sí).
El juego electoral también tiene en común con otros juegos el que los objetivos del jugador son importantes. Hay quien juega a ganarlo todo o quien prefiere quedarse como está ya que sabe que no puede ganarlo todo o hay quien aplica complejas elucubraciones de investigación operativa (minimax, maximin) para establecer sus objetivos.
Un elemento que a veces se discute es el de la ley electoral, regla máxima del juego. En general, Duverger dixit, elegir entre sistemas mayoritarios o proporcionales depende de lo que se pretenda: los sistemas proporcionales, como su mismo nombre parece indicar, reflejan mejor las preferencias del electorado mientras que los mayoritarios son útiles para conseguir gobiernos estables aunque no reflejen tan bien las proporciones existentes en la sociedad. El efecto más conocido es que los proporcionales tienden a fomentar sistemas pluripartidistas mientras que los mayoritarios tienden al bipartidismo. 
¿Seguro? Pues las elecciones de hoy, en el Reino Unido, parece que pueden hacer saltar tan asentadas teorías (la discusión aquí).
Pasando a otro caso, resulta curioso que los partidos minoritarios españoles que rechazaban el sistema proporcional imperfecto (la regla d'Hondt introduce elementos mayoritarios en una aparente ley proporcional) ahora andan callados o se han olvidado de su denostado "bipartidismo". El hecho es que, como en el Reino Unido, el bipartidismo imperfecto de que disfrutaban los dos partidos mayoritarios (PP y PSOE) está saltando por los aires.
No sin costes, claro. En este caso, para uno de los emergentes, a saber, Podemos, cuyos líderes (no necesariamente sus bases) se han dado cuenta de que el juego electoral, cuando se quiere aumentar el número de votos a obtener, exige ir a buscar los votos donde se encuentren y no necesariamente mediante mayores exigencias de pureza ideológica sino todo lo contrario. Ayer criticaban algunos periódicos españoles cómo Podemos ha "aguado" su programa inicial. Ninguna sopresa. De cara a las próximas elecciones generales es previsible, si siguen queriendo maximizar sus votos, que dulcifiquen todavía más sus propuestas. Son las reglas del juego. Otra cosa sería que su objetivo fuese el de conservar a sus fieles, como puede ser el caso de la Izquierda (más o menos) Unida. 
Caso extremo: el de la familia Le Pen en Francia. Si el padre pone en duda el Holocausto, la hija no va a tener otra que quitarlo de la parte visible del Front National. Israel es un aliado en la islamofobia del partido como Rusia es un aliado en la financiación del mismo. No hay opción si se quiere llegar a la presidencia de la República. La coherencia del padre con sus plateamientos anti-judíos históricos choca con el objetivo electoral de la hija. Y ese es el juego también.
Lo dicho: jugando al dominó, no digan "órdago a la grande", sobre todo si no tienen ninguna capacidad para cambiar las reglas del juego.

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