miércoles, 6 de mayo de 2015

El cambio cambia

Me equivoqué. Suele pasarme. El caso es que para la primavera de 2014 daba como probable un Parlamento español compuesto por cuatro partidos, cada uno de ellos con un 20 por ciento de los escaños (el resto iba para nacionalistas varios). Hasta ahí, ningún problema. El problema se planteaba a la hora de decir quiénes eran esos cuatro partidos y yo pensaba que, junto al PP y al PSOE, iban a estar IU (las encuestas le daban un 12 por ciento) y UPyD (casi el 10), ambos al alza y restándoles votos, respectivamente, al PSOE y al PP.
Lo publiqué aquí junto a la maldad de que el PP ganaría, pero que, al no conseguir la mayoría suficiente, tendría que pactar con CiU, como ya había hecho en otras ocasiones después de haber cantado en la calle Génova aquello de "Pujol, enano, habla castellano" y previo paso de Aznar por TV3 para reconocer que hablaba catalán "en la intimidad". En política las cosas cambian con una cierta rapidez y hasta eso habría sido posible.
Pero en julio de 2014, contra todo pronóstico, irrumpió Podemos en las elecciones europeas superando con mucho las predicciones de las encuestas, tanto que ni ellos se lo habían esperado (el caso de Jiménez Villarejo muestra que de ninguna forma habían esperado tantos escaños y por eso renunció de inmediato). Y las encuestas posteriores les llegaron a dar un 23 por ciento, por encima incluso del PSOE, aunque no del PP.  Iban al alza.
Las elecciones andaluzas supusieron un ligero parón. Aunque alguno de sus ex-altos cargos escribiese que eso eran interpretaciones de la prensa ("canallesca", por supuesto), el hecho es que en textos de otros destacados militantes del partido se reconocía que esperaban más que aquel 14 por ciento obtenido. Lo que no se esperaban era la irrupción de Ciudadanos (Ciutadans según el PP de entonces, no el de ahora) que parece, ahora, el partido al alza aunque los resultados municipales no sean un buen predictor de lo que pueda suceder en las generales de fin de año. Ni siquiera van a servir los resultados de las autonómicas y no solo porque falten cuatro de ellas (las “históricas”, que la Historia es muy sufrida), sino porque no en todas concurren con sus propias siglas. Extrapolar a partir de listas compartidas y coaliciones temporales no parece que sea de recibo.
Tal vez las próximas elecciones generales sí den el 20-20-20-20, pero no con los partidos que yo suponía entonces, sino con estos dos nuevos que intentan apresuradamente erigir un mínimo de organización (centralizada, por supuesto, si quieren jugar a elecciones, aunque Podemos mantenga una cierta retórica asamblearia que los hechos desmienten). Pero, visto lo visto, ya no me atrevo a anticipar ni esos resultados que incluyen la composición del 20 por ciento restante: nacionalistas, sí, pero no sé en qué quedarán IU y UPyD, con o sin grupo parlamentario. Tampoco es fácil adivinar las posibles alianzas entre ellos (recuérdese que IU estaba con el PSOE en Andalucía y contra el PSOE en Extremadura, es decir, que todo es posible, desde la Gran Coalición PP-PSOE hasta PP-Ciudadanos. PSOE-Podemos sería malo para los dos, especialmente para el segundo).
Quizá me vuelva a equivocar, pero una cosa me queda clara y es que los esquemas mentales con que nos hemos acercado a la realidad política han cambiado demasiado como para seguir usándolos indiscriminadamente. En parte, tienen razón los independentistas catalanes cuando ven que su esquema independentismo-unionismo (o Gobern-Gobierno central) está siendo alterado por otro esquema. Lo que ya no tengo tan claro es que esté siendo sustituido por lo  que ellos llaman derecha-izquierda. Los partidos mal llamados "populistas" en Europa, tildados todos, menos Syriza y Podemos, de derechas, son otra cosa. Hacen ver como problemática la división clásica: básicamente reaccionan desde la frustración. Tal vez en eso sí que tengan razón los líderes de Podemos que dicen que no son de derechas ni de izquierdas (ellos dicen “de abajo” o “del centro del tablero”). Pero  también hay que reconocer que el mundo al que me referí hace unas semanas ha cambiado igualmente: no es el de la Guerra Fría ("capitalismo" contra "comunismo" o, mejor dicho, USA contra URSS) ni es el del "imperio" (era la versión venezolana). Mantener esos esquemas no creo que sea muy útil. Mucho habrá que pensar si queremos entender qué sucede. Pero si nos da pereza, podemos seguir con los viejos esquemas, ya  inútiles. Bueno, inútiles no: sirven para engañar a los deseosos de certezas.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

No hay comentarios:

Publicar un comentario