lunes, 4 de mayo de 2015

Economía mundial, economía local

Mi formación en economía es escasa, poco más allá de la cultura general, pero eso no quita que me interese por las cosas que dicen algunos economistas.
Por ejemplo, Olivier Blanchard a propósito de la economía mundial. Lo ve desde el FMI y parece que se trata de una ciencia natural en la que las cosas suceden. Es decir, que el sol sale por oriente y se pone por occidente (de todos modos, los españolitos harán bien veindo sus previsiones y comparándolas con las que hace el gobierno en campaña electoral. Pero, de eso, un poco más abajo). Claro que tiene en cuenta las diferencias internas de esa economía, la desaceleración de los países centrales (perdón, de las economías de los países centrales) y los pequeños, pero significativos cambios en los emergentes. Igual hay más países, pero no he bajado a ese detalle.
El otro ejemplo es Nouriel Roubini, bien situado también en la crème-de-la-crème. Escribe sobre las decisiones políticas en los Estados Unidos. Claro que tiene en cuenta la economía mundial,, pero su interés se centra en dichas decisiones. No se trata de una ciencia natural sino de una ciencia (so to speak) política. Se puede decidir una cosa u otra y el destino no está escrito en las estrellas. Y algo más: toma partido, en plan poco tecnocrático, por políticas económicas concretas: fomentar la demanda interna antes que competir con los demás países mediante políticas monetarias y reducción de gastos salariales. Hay algo obvio en su planteamiento y que, por más que sea obvio, es sistemáticamente dejado de lado: si todos los países deciden exportar más e importar menos, algo falla si todos lo practican ya que alguien tiene que importar lo que con tanto énfasis se intenta exportar. Me va que, al final, es cuestión de poder y que no son ajenas las cuestiones de TPP (al que Roubini hace una referencia) y del TTIP que tal vez harían bien los políticos europeos de hacer una referencia más allá del secretismo. 
Para terminar, Chris Patten (en este caso, político) escribe sobre las mentiras que se están aventando en la campaña electoral británica ante este 7 de mayo. Por lo visto, es habitual ese uso de la mentira en campaña electoral, como lo es el recurso a "arreglos" de la realidad para que encajen con los objetivos electorales del partido. El caso ya insinuado es el del gobierno español que se atribuye los "éxitos" de sus políticas en el terreno económico (PIB) como si el mundo no existiese, no hubiese caído el precio del petróleo, el euro no estuviese como está frente al dólar (leer el texto de Roubini) y no les hubiesen inyectado dineros desde el BCE y como si el futuro dependiese únicamente de tales decisiones (que no son las que cuenta Roubini). La mayor mentira, dice Patten, es la de pretender que el Reino Unido tiene todavía poder para influir en el sistema internacional y que existe eso que llaman "soberanía nacional". 
Hace falta tener poder sobre esa, en nuestro caso, economía mundial para que la economía local funcione como pretenden sus gobernantes (pretenciosos que son). Y no se olviden las acusaciones (cuya validez desconozco) al FMI (y a sus sucesivos y problemáticos directores) de estar al servicio de los intereses de los Estados Unidos antes que nada. Pretender que la economía mundial funciona como la astronomía, olvidando que hay quien la orienta, con sus políticas económicas locales -las monetarias con el dólar sin ir más lejos- , puede ser útil para quienes la pretenden orientar (no son dioses, es decir, no son omnipotentes, omniscientes y omnipresentes). Pero pretender que un país semiperiférico controle su economía sin tener en cuenta la economía mundial es o ignorancia (que no creo) o, como cita Patten, "mentira, enorme mentira y propuestas electorales".
(Añadido el 6: Se puede leer aquí una discusión de Dani Rodrik sobre el TTIP haciendo ver cómo su defensa o su rechazo tiene que ver con posiciones previas sobre el comercio internacional. Aquí algunas reflexionesde Matias Vernengo sobre el aparente consenso a favor del "libre comercio" sin plantearse costes  para quién -como sucedió con el NAFTA- y algunas cuestiones más que tienen que ver con la ideología y no con "análisis concretos de situaciones concretas")

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