martes, 7 de abril de 2015

Ni el amor ni la guerra

"Haz el amor, no la guerra" se decía en otros tiempos. Y es curioso: ninguna de las dos actividades es fruto de una evaluación racional.
El amor, es obvio. Su relación con el sexo y la de este con la supervivencia de la especie, uno de los instintos básicos, hace que tenga más de instintivo que de racional. Sea de una amor que lleva al sexo o de una actividad sexual que lleve al amor, es difícil encontrar los rasgos de la racionalidad instrumental y, mucho menos, la racionalidad con respecto a valores (explícitos, claro). Y no digamos lo de Dulcinea, el "impossible dream" de Don Quijote.
Lo de la guerra es algo diferente. Prepararla puede ser muy racional (ese es, al fin y al cabo, el cometido de los militares y su juego con la estrategia y la táctica). Decidirla, en cambio, suele ser inmensamente irracional. Aquí, por ejemplo, se describen algunos elementos de la irracional cultura de guerra que domina algún "groupthink" estadounidense. Se llega a ir a una guerra, como la de Afganistán, sin tener un enemigo pero creándolo mediante dicha guerra.
Claro que hay quien se beneficia de la guerra y, por tanto, puede ser instrumental para ellos el que se produzca. Me refiero a los comerciantes de armas, los contratistas de "reconstrucción", los que tienen acceso a condiciones monopolísticas de comercio o industria -extractiva incluida, claro- o los que operan empresas de mercenarios ("contractors") o de "inteligencia" (espionaje privado vendido a compradores públicos).
Pero los que deciden la guerra no necesariamente se benefician de ella. La hacen, en muchos casos, porque hay que hacerla. Algo así como los que se enamoran de un amor imposible (la "peregrina paloma imaginaria" del poeta boliviano, Ricardo  Jaimes Freyre, que tanto me gustó en mi juventud). A esos se refiere el artículo que cito.
En esta etapa llena de incertidumbres, es lógico que se busquen, por encima de lo habitual, certezas. Pero para evitar que esas certezas sean de las que nada tienen que ver con su verificación empírica (y, por tanto, pueden llevar al fanatismo político, religioso, militar), solo se me ocurre un remedio viejo como la Ilustración o los estoicos: no es "haz el amor, no la guerra" sino "razón, más razón, razonamiento y racionalidad". Poco probable, ya lo sé.

3 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo contigo, todos necesitamos actuar mas con la razón, necesitamos un mundo mas racional.
    Felicidades por el blog, hablas de temas muy interesantes.
    Un saludo

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  2. .....necesarias las cartografías...las cuales planteas; insisto

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  3. ¡Vaya! Una contradicción paradójica, un acto tan pensado como la guerra sirviendo a intereses que pueden juzgarse como irracionales.

    Doctor, reciba un saludo desde la (ahora calurosa) Toluca, ojalá lo tengamos pronto por estos rumbos.

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