sábado, 25 de abril de 2015

Negociación o enfrentamiento

Vicenç Fisas ha publicado el Anuario de Procesos de Paz 2015 que se puede leer aquí. Copio y pego los dos primeros párrafos del resumen (antes hay una excelente explicación de términos y teoría y después están los análisis de casos):
De los 112 conflictos analizados de los últimos 30 años, un 39,3 % terminaron mediante un acuerdo de paz. Los que no han sido resueltos y permanecen vigentes representan el 47,3 % del total y lo más significativo es que solo el 9,8 % de estos conflictos han terminado mediante la victoria militar de una de las partes; en otras palabras, la gran mayoría de los conflictos únicamente se resuelven por medio de negociaciones, no por medio de la victoria militar, y abriendo algún tipo de proceso que lleve a la firma de un acuerdo final. Este hecho no disminuye la preocupación por el elevado número de conflictos todavía no resueltos.
En cuanto a los conflictos finalizados en los últimos treinta años (59), 44 lo han hecho mediante un acuerdo de paz (74,6 %), 4 sin acuerdo de paz formal (6,8 %) y 11 con victoria militar (18,6 %), lo que reafirma la vía de la negociación como medio de resolución de los conflictos.
Es un buen argumento sobre la importancia de la negociación como forma de resolver esos conflictos, muy por encima de la respuesta militar si lo que realmente se quiere es resolverlos. Si lo que se quiere es gastar armas para dar dinero a la industria aramentística y justificar el complejo militar-industrial, es otra cosa. Pero la paz pasa, mayoritariamente, por la negociación según estos datos... contra el sentido común (poco común a lo que parece).
Una metáfora para entenderlo. En una discusión académica o tertuliana sobre un tema (el que sea) hay quien practica el "sostenella i no enmendalla", es decir, el enfoque propio de los gladiadores: yo tengo razón y pelearé hasta la muerte por defenderla. Normalmente, el resultado es que cada una de las partes se mantiene en sus trece y se ha perdido el tiempo discutiendo. Enfrentamiento militar sin resolver el conflicto. Comprensible, eso sí, si alguien ha pagado a alguno de los contendientes para que defienda ese punto por encima de cualquier razonamiento (cosa frecuente en los talk-show o tertulias mediáticas)
Pero también es posible el intentar ver lo que de razón o verdad hay en la posición del contrario (eso es negociación al fin y al cabo). Hay quien ve esa actitud como síntoma de debilidad. Tal vez. Suele ser la mía y se basa en el convencimiento de que la Verdad no es monopolio de nadie (tampoco mío, por supuesto) y que el trabajo intelectual consiste en ir quitando los velos que la recubren (esa es la etimología de "alezeia", verdad en griego: quitar velos) sabiendo que nunca llegaremos al fondo. Con los conflictos puede pasar algo parecido. Por una vez, estoy de acuerdo con los que hablan de "paz imperfecta" no como piedra filosofal que lo resuelve todo sino como reconocimiento de lo provisional que son todos nuestros estados.

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