domingo, 5 de abril de 2015

Michael, una persona extraordinaria

Agoniza, pasados sus 90 años, una de las personas más extraordinarias que he conocido. Inglés, de familia cuáquera, de infancia en Oxford, economista, nunca dejó de pensar, en términos sociales, en la clase obrera y sus organizaciones y, en términos internacionales, en la situación de los países situados en la periferia.
Para lo primero, nunca creyó en el "decrecimiento" sino en la igualdad, la libertad y la democracia. Fue comunista, pero dejó el partido en los años 60 al ver la deriva del comunismo realmente existente, es decir, el de la URSS (aunque siempre mantuvo sus simpatías para el "otro" comunismo, el de la entonces Yugoslavia, la de Tito). Pasó al laborismo, pero dejó el partido al ver la "revelación de Blair" tanto en términos internos como en términos internacionales. Pacifista desde sus orígenes cuáqueros, no podía aceptar el belicismo británico y quedó "desafiliado" aunque mantuvo sus magníficas relaciones con algunas de las Trade Unions (había sido "principal" del Northern College).
Su ideología le excluyó de conseguir una plaza de "professor" en la universidad que, con el tiempo, le concedió un doctorado honoris causa. Asistí a la ceremonia que, según me pareció entender, en parte era una petición de disculpas por no haberle dado la plaza en su momento.
Para lo segundo, nunca creyó en la "desconexión". Su contacto con la realidad de los campesinos africanos, latinoamericanos y asiáticos le hacía entender que esa no era precisamente la estrategia que ellos deseaban. De nuevo, prefería la justicia y la igualdad antes que palabras con muy poco contenido empírico. Probablemente, fue el introductor de la palabra "comercio justo" ("fair trade"), aunque nunca hizo bandera de tal autoría. Eso sí, bromeaba diciendo que si la hubiese patentado se habría hecho rico. Fundó TWIN, una potente ONG preocupada precisamente en conseguir tal comercio justo para lo cual aportaba sus conocimientos y el de sus asociados para resolver los complicados problemas financieros que tiene el conseguir que esos productos estén en las grandes y medianas superficies, antes que en tiendas "ad hoc".
Su cabeza ha estado funcionando a la perfección hasta estos últimos días. Leía, escribía, publicaba.  La última vez que hablé con él, vía skype, me preguntó qué vino había bebido aquella noche y qué libro estaba leyendo. Él me mostró el que estaba terminando. Lo último que publicó, además de sus habituales recensiones en el  The Spokesman, fue su autobiografía, la autobiografía de alguien siempre a la búsqueda, "Seekers" según su tradición familiar cuáquera. Lo del Spokesman no era casual: revista de la Bertrand Russell Peace Foundation y Michael, de niño, había conocido a Russell. También a Gandhi, en cuyas rodillas estuvo sentado. Y a una larga lista de políticos e intelectuales ingleses de primera fila.
Su cuerpo, en cambio, ya no le respondía. Lejos quedaban los días en que llegaba a mi casas junto a su esposa Eleanor, el amor de su vida, otra persona extraordinaria, y salía todas las mañanas a correr desde el extremo Oeste del pueblo de San Juan hasta la playa de San Juan donde se bañaba, volvía corriendo, se duchaba, desayunaba y empezaba su día fresco como recién horneado (para hacerse una idea, yo hago ese trayecto, caminando a buen paso, en una hora de ida y otra de vuelta). Tal vez hizo esas carreras ("running in the world") hasta cumplir los 80 años. Al final, se contentaba con dar vueltas en el jardín. Y, ahora, ya no caminaba sino que se ayudaba de un carrito a tracción eléctrica.
Como sucede con personas de su edad, se cayó y ya no se levantó. Pero deja una obra de gigante, siempre siguiendo sus valores. Pocas cosas en castellano (Teoría económica del imperialismo, Comercio justo, comercio injusto, Después del imperialismo y, con Ken Coates, ¿Tercera Vía o Neoliberalismo?)
No he querido esperar a su muerte, inminente por otro lado, para hablar bien de mi querido amigo Michael Barratt Brown.

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