miércoles, 29 de abril de 2015

Doble moral o moral servil

Glenn Greenwald publica un post a propósito de la gala del PEN estadounidense de la que se dieron de baja algunos de sus miembros por no estar de acuerdo con el premio a la defensa de la libertad de expresión  a Charlie Hebdo. A partir de ahí, enumera casos en los que los que practican muchas cortapisas a dicha libertad son los primeros en salir a decir que la defienden. El caso más pertinente fue la manifestación en París en cuya presidencia había conocidos represores de la libertad de expresión mientras todos alababan a Charlie Hebdo por simbolizar... la libertad de expresión.
Hay un caso, que a Greenwald le parece excesivo, digno de mención: las críticas generalizadas a las políticas contra los LGTB en Rusia e Irán, particularmente audibles en los Estados Unidos, por parte de voces tanto LGTB como no. ¿Dónde está el problema? Pues muy sencillo: en el clamoroso silencio de esas mismas voces para denunciar la represión a los LGTB de Arabia Saudita y de Egipto.
¿Por qué se critica a unos y se guarda un respetuoso silencio sobre los otros? Lo de los LGTB no tiene nada que ver: los dos primeros se llevan mal con el gobierno de los Estados Unidos mientras que los dos segundos son aliados del mismo (Arabia Saudita un poco menos, pero aliada en todo caso). 
Me recuerda lo que sucedió con el feminismo respecto a los talibán. Mientras fueron "nuestros" aliados contra el Ejército Rojo (soviético, por supuesto) que corría en auxilio del gobierno comunista de Afganistán, los talibán no eran criticables: luchaban contra el infiel, ateo, rojo, extranjero. Pero cambiaron las tornas, los talibán se pusieron serios con los Estados Unidos (otro caso, como el de Al Qaeda, de Frankenstein: la criatura contra su creador) y, de repente, el feminismo descubrió en los talibán un abyecto y despreciable machismo, anti-mujer. Eran los mismos talibán que antes, pero ahora ya no eran "nuestros" talibán, sino nuestros enemigos, razón por la que descubríamos sus profundos defectos, lacras y rechazables comportamientos.
Como siempre, hay que volver al dicho de Roosvelt refiriéndose a Somoza (también citado por Pablo Iglesias, de Podemos): "Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta". Lo que importa es el "nuestro". Lo que haga o deje de hacer, es secundario mientras convenga. 

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